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viernes, 21 de septiembre de 2018

John Barrow. Fotografía y animales frente a fotografía y sociedad.






John Barrow
En un artículo de Emma Kisiel en Muybridge's Horse, descubrimos las series fotográficas de John Barrow. No podemos evitar recordar el uso de volumetrías y esculturas por parte de Mariana Lopes para recordarnos lo artificial de la ausencia de los animales en los entornos que presuponemos como naturales.

John Barrow 

Una de las formas más comunes y cotidianas en que experimentamos la existencia de los animales es mediante sus representaciones: como decoraciones, mascotas, juegos mecánicos, juguetes de peluche. Me resulta fascinante ver cuán frecuentes son los animales en tantas partes del mundo, sin embargo, qué poco consideradas son sus vidas (y muertes). Porque creo que todos los humanos deberían considerar este hecho más, siempre me intriga el arte que lo hace. 
John Barrow
El artista John Barrow se retiró de una carrera como ingeniero e informático, y comenzó a explorar y aprender sobre fotografía. Tras mudarse a una pequeña aldea rural, el material que pudo explorar fue su entorno inmediato: las praderas del highveld sudafricano y sus habitantes. 

 "El contraste entre la relación de los habitantes de las zonas rurales, a menudo viviendo cerca de los niveles de subsistencia, y de los habitantes de las ciudades con el mundo animal se hizo evidente cuando miré las fotografías que estaba tomando", escribe John. "Me di cuenta de que ambos grupos de personas están atrapados en relaciones ambivalentes, aunque muy diferentes, con los animales. La selección que ofrezco aquí considera principalmente a los habitantes urbanos y lo que parece ser una necesidad fuerte y generalizada de introducir recordatorios de sus vínculos y necesidades animales en una existencia urbana". 

John Barrow
Declaración del artista: 

Ya sea deliberadamente o no, las actitudes de nuestra civilización moderna hacia nuestros semejantes se reflejan a menudo en las representaciones que creamos. Nuestros espacios públicos están llenos de estas representaciones, no solo como obras de arte específicas, sino también como expresiones espontáneas de los animales espaciales que ocupan nuestra conciencia general. Estas encarnaciones a menudo parecen ser sustitutos de lo real, para una mayor convivencia con el mundo natural. 

Mi objetivo con esta serie de fotografías es fomentar momentos de deliberación sobre la forma en que simultáneamente renunciamos a nuestros compañeros animales a un plano inferior de existencia y queremos afirmar nuestra inclusión en un mundo más amplio donde los animales nutren nuestra experiencia humana.


Creemos que el contenido de este artículo sobre las fotografías de Barrow podría ilustrar lo dicho por vuestro seguro servidor en el texto original que dio origen a los contenidos de este blog, del que extraemos lo siguiente:

2-LA BESTIA IMAGINADA.ANIMALIDAD E IMAGEN.



2-1- CONNOTACIONES CULTURALES EN LAS IMÁGENES ZOOLÓGICAS.

John Barrow
Las características propias de cada cultura dejan inevitablemente vestigios observables en las anotaciones gráficas y literarias que disponemos de animales, a través precisamente de las imágenes de distinta índole que con mayor o menor exactitud la humanidad ha ido extrayendo de ellos, de su presencia física, de su ausencia, de los potenciales perfectos y futuribles de figuras casi siempre inanimadas: las ilustraciones zoológicas, el resumen de las capacidades físicas -o éticas- de un ser vivo en una sola pose.

El naturalista japonés Hiroshi Aramata recordaba con fascinación una visita al zoológico de Amberes cuando éste acogía una exposición “única en su género” denominada “Homo Sapiens”; en ella, al parecer, una jaula dotada de un ingenioso mecanismo albergaba, según el propio Aramata, la criatura más fascinante de todas: el ser humano. Un espejo adecuadamente ubicado en la jaula, reflejaba la “asombrada imagen de los propios visitantes”.

Aramata recuerda este hecho a propósito de la edición en occidente de su libro sobre imágenes zoológicas del siglo XVIII. Imágenes elaboradas por naturalistas, dibujantes, grabadores e ilustradores, artistas y científicos ilustres en muchos casos. En la versión japonesa, el libro incluía a Homo Sapiens de acuerdo al “criterio de Amberes”, pero la edición europea lo elimina del volumen dedicado a mamíferos en base a una decisión que Aramata califica como profundamente interesante, tan interesante como el propio significado del sintagma nominal “jardín zoológico”, lugar vetado a la inclusión del hombre.
Huir del zoológico es huir de las páginas de los libros de animales, esos libros ilustrados que se hojean, se ojean, se ven (y se leen), se leen y se hojean/ojean/ven (se miran).
Cómo consigue el hombre huir de los libros ilustrados de zoología es un síntoma interesante de su visión del mundo animal y de su visión de dichas ilustraciones naturalistas. Para Hiroshi Aramata, la respuesta está, si acaso, “oculta entre las páginas de la historia de los mamíferos”.
Durante el siglo XVIII era común que los libros presentaran ilustraciones de humanos junto a otros mamíferos. En los textos de zoología de este siglo decrece considerablemente, hasta casi desaparecer, este tipo de referencia al humano. ¿Somos únicos?, ¿somos taxonómicamente inútiles?.
Atisbamos un nosequé paradójico en el hecho de que Darwin se inspire en la teoría económica de Maltus para dilucidar una representación del orden ecológico, esa maraña de ecuaciones no lineales fisicoquímicas, matemáticas, religiosas, que se resume en la teoría de la evolución haciendo al hombre partícipe de la animalidad, pero de otra “animalidad”. Entonces la imagen del hombre se riñe con la del mono.
Darwin nunca dijo que el hombre “viniese” del mono, sino que prosimios, simios, monos y humanos “venían” de un primate común. El chimpancé, el orangután y el gorila, especies distintas, se confundían en imágenes humanoides que reivindicaban, directa o indirectamente, la superior distinción del género humano.
Pese a Darwin, con él, sin él, o contra él, el hombre ha pugnado por ocupar una situación de privilegio, y dentro de la historia natural resulta un eficaz golpe de efecto el quedarse fuera, ausentarse de las ilustraciones de libros y museos. El segregacionismo como especie genera subproductos racistas.
El “Negro de Banyoles” ha de abandonar su anaquel por cuestiones de tipo ético y social. Los pellejos humanos exhibidos extendidos en paredes del mismo museo Darder, fueron finalmente también retirados, pero éstos no habían desatado la polémica, porque abstraen en exceso la imagen completa, llamativa, de un ser vivo, un mamífero de la especie “Homo Sapiens”, el mamífero conocido.

Aristóteles clasificó a los seres humanos como “animales bien conocidos”. El resto de los animales eran “distintos al hombre”. Los animales conocidos son hombres, los desconocidos son animales verdaderos. Aristóteles es señalado por Hiroshi Aramata como descalificador del hombre como animal verdadero. Otros podríamos pretender atisbar una envidia implícita de “lo verdadero” del animal. Vivimos dolientemente nuestra falsedad animal, nuestra falsa animalidad, salimos con una pataleta de la Historia Natural; buscamos consuelo inventándonos un supraser digno de un estudio propio: de una Historia
En la época dorada del naturalismo (naturalismo naturalmente ilustrado) Buffon incluyó al hombre como el animal más enigmático de su “Histoire naturelle, générale et particuliére”, lo cual supone que los renovados conocimientos y metodologías de la Ilustración adoptan ante el humano una actitud no de conocimiento mejorado, sino de reconocido desconocimiento. Los fenómenos naturales son los que figuran bajo el epígrafe “générale”, lo geográfico, lo biológico añadido a lo geológico, o, como dice Aramata, “problemas trascendentales más allá del ámbito de la observación concreta”. Los “otros” animales, concretamente observables, disecables, estudiables, ilustrables, bajo el epígrafe “particuliére”.
Buffon, Linné, Cuvier, situaron al ser humano casi en la misma posición de los demás animales. La fórmula imperante de organización se resumía,según Aramata en el esquema siguiente:

HOMBRE = ANIMAL COMPLEJO

ANIMAL = HOMBRE SIMPLE

John Barrow
Un esquema que nos llevaría a posibles animales simples (hombres simples simples), hombres complejos complejos ... y simples complejos animales. Tenga gracia o no, el hecho es que esta fórmula es muy antigua y es utilizada en un contexto primigenio cercano sólo en apariencia a lo que después calificaríamos como Historia Natural, el bestiario medieval
En los bestiarios medievales se incluyen se las fábulas cristianas de animales, en las que los mamíferos, no sólo del mismo origen natural que el hombre, eran también considerados espejo de sus cualidades morales.
Así, al observar a los mamíferos, el hombre se observaba a sí mismo.El estudio de los animales era el estudio del Homo Sapiens.
Los bestiarios, auténticos “best-sellers” editoriales de su época, se presentaban como libros de animales. Sin embargo eran audaces descripciones de la naturaleza humana en términos del comportamiento de los animales.
Manuel Barbero (“Las lecciones de dibujo” Cátedra) remite antes que ningún análisis biológico de los hechos, a una explicación a través de lo perceptivo. Si entre una fuente de luz en la noche y un gato me iterpongo yo, veré el fuego reflejado en sus ojos. El gato echaba fuego por los ojos. El que ha contemplado este fenómeno entiende el mensaje, quien no lo haya visto añadirá su imagen del fuego a su imagen del gato. En muchos casos, los rasgos visuales más llamativos, memorables, de un animal se preñan de conspicuidad no selectiva en la ilustración gráfica que lo representa.

Es clásico, desde Gombrich, el ejemplo del rinoceronte de Durero. El maestro lo había dibujado a partir de descripciones y apuntes (¿toscos?) del animal. Lo que a mí en particular me sorprende un poco es la exactitud semiótica con que se trata el asunto y su superficialidad zoológica.
Yo creo que, si en época de Durero las narraciones y descripciones de otras tierras provenían de un lugar significativamente nuevo y misterioso, sería especialmente de Asia, a través de las incursiones preconizadas por Marco Polo, por motivos comerciales. Es más probable la documentación de animales asiáticos que de un África todavía desconocida y misteriosa. Aumentaban por tanto las probabilidades de que la documentación de, digamos, un rinoceronte se realizase con mayor frecuencia en Asia, en la India, en China, que allá donde campan los rinocerontes africanos, el negro, el blanco, poco vistos, poco descritos, más cercanos al mítico unicornio, más largos que altos, remarcados por un cuerno de tejido piloso que apunta agudo al frente.

El de Durero es un rinoceronte blindado (un escarabajo hecho mamífero, me planteo, si ensueño la cuestión). Un animal asiático, más pequeño y compacto que su enorme primo africano, y con una piel muy distinta, muy gruesa y encallecida, un conjunto de piezas rígidas, compactas, que Durero intenta y consigue representar a través de pautas gráficas que recuerdan a “cosas duras” (escamas de pez o reptil, corazas de guerreros, mazas ofensivas, mallas metálicas, armaduras).
El rinoceronte de Durero es narrado, no sólo descrito, a través de un emblemático grabado que recoge con bastante precisión las proporciones y pose estática de un animal que nunca el artista había visto si no a travès de descripciones escritas y reproducciones gráficas que, presumo, no debieron ser del todo malas.

John Barrow 

La potencia física, el potencial agresivo-defensivo del Rinoceronte son expresadas en términos armamentísticos, un acorazado que se anticipa por parentesco visual a las distintas reproducciones de tricerátops, a partir de la era victoriana, llena de descubrimientos científicos y conquistas coloniales, caldo de cultivo de un exotario de imágenes de los innotos, emblemáticamente representados en los dinosaurios, depositarios de dragones, leviatanes, quimeras y grifos.
Aún en la época victoriana, científica, objetiva, muchos (la mayoría) de los rinocerontes representados en los libros de Historia Natural se parecían sospechosamente al rinoceronte humanizado, castrense, de Durero, como cualquier joven corzo nos recuerda a Bambi.
(Lo que trato de anticipar es que desde hace mucho tiempo es posible admitir que las imágenes de animales son ancestralmente hombres zoomorfos. Asimismo, bajo mi punto de vista, Porky Pig, Buggs Bunny, el pato Donald o Goofy no son animales antropomorfos, sino personajes que abstraen su animalidad y la traducen(con cualquier instrumento pero en el mismo tono) en humanos zoomorfos. Los animales antropomorfos más genuinos serían el vampiro mítico o el licántropo, que conceden al animal depredador inconcreto la posibilidad de manifestarse en un cuerpo humano que tergiversa su propia animalidad.).
El de Durero es un rinoceronte de proporciones bastante logradas. La cabeza posee un ángulo respecto a la cruz del animal en una pose caraterística comparable en imágenes fotográficas o cinematográficas, incluso en el zoo, si el animal que tenemos delante es un solitario rinoceronte asiático, un rinoceronte blindado. Ni siquiera su denominación española corriente, la más común, se escapa en imágenes léxicas del acorazado animal. Es un perfecto rinoceronte disfrazado de rinoceronte, con pertrechos bélicos.
Es más que probable que también los ecos de descripciones de grandes rinocerontes africanos resuenen en el grabado del maestro, así como narraciones que buscaban la atención del oyente a través del componente fantástico del animal, único candidato digno para encarnar al mítico unicornio, de tal suerte que características de ambas criaturas se vuelven intrusas mutuas de sus sucesivas descripciones.
El caso es que el rinoceronte de Durero reivindica la existencia del monoceros de la realidad, existencia enfrentada a la del unicornio mítico (de forma análoga, el narval, un cetáceo con un gran diente hipertrofiado en espiral que aparecía ocasionalmente varado en la costa, daba pié a la versión marina del mito).
Las espectativas generadas por una criatura vengan la decepcionante falta de concordancia de su imaginería popular con el “original”, valiéndose del nuevo asombro con tintes de veracidad de las descripciones “al natural”. Éstas, sin embargo, están preñadas de un sentimiento contradictorio, nostálgico e informativo a la vez, que acentúa las distorsiones, pero no las inventa (o al menos no lo pretende). Las placas dérmicas del rinoceronte de Durero están delimitadas en los espacios correctos, pero han de destacarse como argumento realista por distinguirlo de los unicornios legendarios.
Marco Polo, conocedor de la leyenda como cualquier coetáneo suyo, no puede evitar el efecto de contraste que le produce la visión de un rinoceronte (sin duda un “blindado” ya que se encontraba en Asia). El viajero italiano describe un rinoceronte hindú, un “blindado”, exagerando los rasgos alejados del estilizado unicornio (asimilado generalmente a un caballo o un venado de cuerno único) :

"Su pelo es como el de un búfalo y sus pies como los de un elefante. En medio de su frente tiene un cuerno negro muy largo”.

Pero el mercader italiano no sabe o no quiere dejar de añadir los mitos sobre el comportamiento de la criatura:

“Debe saberse que no hieren sólo con su cuerno, sino con su lengua y con sus rodillas”.
“Sobre la lengua tiene unas espinas agudas, muy largas, de modo que cuando se vuelven furiosos contra uno, lo derriban y lo aplastan con sus rodillas, hiriéndole con la lengua. Su cabeza es como la de un cerdo salvaje y la mantienen siempre encorvada hacia el suelo. Le agrada vivir en el fango. Es una bestia de presencia horrible y de ningún modo como la recordamos y mentamos en nuestros países, esto es, una bestia que pudiera observarse en el regazo de una doncella. En verdad os aseguro que es lo completamente opuesto a lo que decimos de ella”.

Xosé Ramón Mariño Ferro, en su notable recopilación sobre simbología animal, (“Simbolismo animal”, Ed. Encuentro, Madrid 1996) menciona un texto de Ctesias, médico de Atajerjes Mnemón sobre la India, rescatado de un resumen de Focio del s. IX, primera descripción del Unicornio:

"Hay en la India ciertos asnos salvajes que son tan grandes como caballos o acaso más; sus cabezas son rojo-oscuras y sus ojos azul-oscuros. Tienen un cuerno en la frente de casi medio metro de largo. La base del cuerno, que cubre unos dos palmos de la frente, es blanquísima; su extremo superior es azulado y de un carmesí vivo, y el resto, o parte media, es negro".

Ctesias nunca estuvo en la India.

Mariño cita a Willy Ley (“El pez pulmonado, el dodó y el unicornio”, Espasa, Madrid 1963 -ed. original Viking Press, NY 1941-) quien advierte la más o menos acertada descripción del rinoceronte indio por partes, la tradicional reconstrucción por pedazos de otras criaturas que tampoco son descabelladas. Por último Ley señala que seguramente Ctesias había visto los vasos de extremo Oriente hechos con cuernos de rinoceronte coloreados, precisamente, en las gamas descritas por el médico griego: "Los términos elegidos nos hacen sonreír; los hechos no son erróneos".
Lino Cabezas recalca el hecho de que “el éxito y la difusión de los grabados de Durero son algo que está fuera de toda duda, tanto por lo que se deduce de los testimonios escritos de otros artistas como por la evidencia de su utilización, ya que fueron sistemáticamente reproducidos y sirvieron de inspiración para otras obras hasta fechas relativamente recientes en nuestra historia del arte”. Aquí la referencia señala a una obra extensa, no sólo de grabados de animales. Los estudios de Durero y sus grabados, las copias de sus obras eran un modelo de representación vigente, un modelo eficaz y persistente gracias al conjunto icónico de toda una obra de recursos gráficos modélicos.
La historia de la divulgación gráfica de la Historia Natural es la prehistoria de la televisión, la congelación de imágenes de otros lugares, otros momentos, otras criaturas. Es por tanto la historia evolutiva de unos recursos gráficos disciplinados como el dibujo que no sólo copian la realidad, sino otros dibujos u otras formas de releer la realidad.
La más elemental es el análisis y desglose de la estructura de un organismo para reorganizarla con otro (cabeza de cerdo, pies de elefante...), un ejercicio intelectual o también físico, como el dragón “creado” por Leonardo con un lagarto vivo, al que fabricó alas con piel de otros lagartos que simulaban cierto movimiento autónomo al moverse el lagarto, caracterizado además con cuernos y barba.
John Barrow
Domesticado y encerrado, servía exclusivamente para ocasionar una SORPRESA, un hito emocional en el que se daban cita una fuerte espectativa y una realidad sugerente, incluso engañosa. Leonardo, como recalca Manuel Barbero, había dado forma real a un dragón "(...) en el que convergían los miedos y temores de unasociedad animada a creer en los más diversos seres y demonios".
“Y el dragón no sólo no era un ser extraño, sino también una de las encarnaciones del diablo”.
Y es que las ilustraciones, los dibujos, las esculturas y las fotografías no son la visión, sino su huella, la huella de los artificios que generan la propia visión. Nuestra forma física de ver requiere que la imagen se adapte a unas espectativas del cerebro. El arte no es testimonio de lo que se ve, sino de lo que no se ve.
El estereograma de puntos aleatorios lo ejemplifica. Lo que se ha vuelto a poner de moda en los últimos años como “libro mágico” (los primeros estereogramas de puntos aleatorios datan de los años 50) pone en tela de juicio la identidad de nuestra experiencia sensorial, que se demuestra incapaz de percibir en este caso ciertas imágenes que algunos individuos con mejor dotación física o disposición perceptiva ven sin problemas.
Ver simultáneamente las dos imágenes de un estereograma, dejarse engañar por su falsa tridimensionalidad parece al recién iniciado que tiene dificultades de foco una cuestión de fe : “¿cómo puede ser que los demás lo vean y yo no?”. Nos recuerda forzosamente al traje nuevo del emperador del cuento de Andersen, con la diferencia de que en el estereograma el “traje” existe en la realidad física, solapado por ciertas peculiaridades ópticas, demostrándonos que hay partes de la realidad que no podemos percibir sin modificar el modus in rebus, y que éste depende de nuestras propias características orgánicas, distintas a las de otros animales que seguramente experimentan otro mundo, que saben cosas que nos son vetadas.
El arte no hace sino exaltar nuestra limitada animalidad tensando sus fronteras perceptivas. Percibir a las demás criaturas y describirlas supone seleccionar una serie limitada de “temas” relevantes para nuestra propia animalidad más que de la animalidad ajena .

“El fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de Petulancia”. Ernst Jünger también se preocupa, como zoólogo filósofo, por el problema de donde acaba el arte y donde empieza la caricatura:

”No es una mera cuestión de gusto. Atañe al modus in rebus, que está vigente también en la Naturaleza animada y en la inanimada. Los ojos se ofenden en aquellos sitios donde las proporciones sufren quebranto”.
(Jünger, Ernst:”La tijera”,Tusquets, Barcelona, 1993).

John Barrow



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John Barrow

John Barrow


johnbarrowblog.wordpress.com

http://muybridgeshorse.com/2018/08/16/john-barrow/



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Christina Heurig. Dioramas, escanogramas y fotografías entre el simulacro y la ensoñación antrozoológica.




Christina Heurig
Directora de arte, fotógrafa y escenógrafa con sede en Berlín / Alemania y Suiza. Se graduó en 2017 como diseñadora de comunicación con su proyecto> Der Sandmann <. 

Su trabajo se centra en las bellas artes y la fotografía de retratos, la construcción de modelos en miniatura para teatro de títeres y películas de animación, así como el diseño de escenografías para escenarios de teatro y cine. 
Esencialmente, utiliza elementos de belleza oscura, surrealismo, misterio y fantasía para ilustrar y explorar capas emocionales o cognitivas del alma.

Descubrimos el trabajo de Christina Heurig sin poder evitar reminiscencias de otros autores. La encontramos gracias a Emma Kisiel y su selección de artistas (principalmente fotógrafos) con sesgos animalistas y antrozoológicos en Muybridge's Horse, donde se suelen dar cita también la escenografía, el modelismo y, cómo no, la Taxidermia.

Christina Heurig
Kisiel se confiesa sorprendida por la originalidad de las propuestas de Heurig, y muy particularmente por sus escanogramas de piezas de taxidermia mostrando el rastro de su movimiento sobre la pantalla del escáner, aunque supongo que ignoraba la existencia de los trabajos de Luis Castelo, a quien ya mencionamos en alguna ocasión.

Luis Castelo
Castelo ha reclamado nuestra atención no sólo como artista experimental de la fotografía y como docente y divulgador de la técnica fotográfica, sino, sobre todo, por la presencia de ejemplares museísticos en su obra y por su exposición de la historia natural como recopilación de trabajos plásticos de diversas índoles.

De forma tal vez más aséptica, o sencillamente menos sobreactuada, Castelo deja que ciertos ejemplares vivos se muevan sobre la pantalla para dejar el particular tipo de rastro de desplazamiento lineal de la rasterización, así que, aparte de una cierta atmósfera expresionista por parte de Heurig, como de ilustración gótica postmoderna, no creemos que su técnica sea especialmente novedosa u original, aunque sin duda conecta más con los llamativos resultados de los fotomojes digitales comentados en nuestra anterior entrada al respecto de Sara DeRemer y Creatonautes.



Christina Heurig
Lo que sí nos interesa de la técnica de Heurig es su variedad de procedimientos para acercarse a resultados expresivos relativamente coherentes o uniformes. Lo que aparentemente es un fotomontaje digital, resulta ser una foto directa, de estudio, de un diorama ingeniosamente dispuesto, a la manera en que lo hacían Jojakim Cortis y otros autores que aúnan el arte del diorama y el de la fotografía y que también hemos revisado entre nuestros contenidos.

También encontramos en sus trabajos la frecuente presencia de animales taxidermizados, como ya hemos mencionado, y de otros recursos evocadores de formas ancestrales de trampantojo que tanto le sirven para simuar una escena fotográfica real como para evocar el encanto de su evidente falsedad, flirteando con una sugestiva estética del simulacro.

Mafa Alborés.







En su artículo original, Emma Kisiel hace el siguiente comentario acerca de la obra de Christina Heurig:


Christina Heurig es directora de arte, escenógrafa y fotógrafa con sede en Alemania (Berlín) y Suiza. Cuando me hizo un acercamiento a su trabajo, quedé impresionada por la diversidad de su portafolio. Además de hacer retratos fotográficos, construir modelos en miniatura para teatro de títeres y películas animadas, y diseñar escenarios para teatro y cine, Christina hace fotografías artísticas bellamente realizadas. Utilizando elementos del surrealismo, el misterio y la fantasía, Christina "ilustra y explora capas emocionales o cognitivas del alma". Me intrigaron realmente un puñado de "experimentos" que me había enviado, haciendo escaneos de taxidermia. animales. Nunca había visto algo así antes. Una serie de imágenes, llamada Visitantes Nocturnos, se encuentra ahora en su sitio web, y creo que es una de mis fotografías favoritas que he descubierto en mucho tiempo. 

De la declaración de la artista para los visitantes nocturnos: 

Los animales disecados se arrastran sobre un escáner plano para crear criaturas grotescas. Parcialmente siniestros, en parte divertidos, estos personajes recrean la sensación de un espectáculo de monstruos de pesadilla. 












  

heartmill.com
Christina Heurig

Michael Koch. Simulacro, fotografía y preservación.

 





Tal y como prometíamos en nuestra entrada precedente, seguimos extrayendo muestras de artistas seleccionados por Emma Kisiel para el interesante muestrario de Muybridge's Horse, en esta ocasión para observar con interés la obra del fotógrafo alemán Michael Koch.

Para empezar hemos de aclarar que aunque ampliamos notablemente el número de imágenes seleccionadas por Kisiel para su artículo original, como ella nos limitamos a ofrecer tan sólo aquellos (muy numerosos por otra parte) en los que los animales tienen protagonismo aunque sea de muy diversas maneras.  

Y esta diversidad es precisamente lo que más nos atrae de la obra de Koch, porque en ella encontramos ejemplos que contienen claras similitudes o como mínimo evocaciones a los trabajos de múltiples autores que ya hemos revisado en su momento, como la propia Emma Kisiel, un servidor (si me permiten la intromisión) y otros tantos como Luís Castelo (no sólo por ciertos escanogramas, sino por sus recursos estéticos y por su interés por los especímenes de museos de Historia Natural), Hiroshi Sugimoto, e incluso la particular estética de ciertas imágenes que evocan a las fotos pioneras de la caza fotográfica naturalista de George Shiras.  

Puestos a insistir encontramos coincidencias estéticas de las fotografías de serpientes en estudio de Guido Mocafico.

Sin duda, casi todos ellos son deudores de la magistral aproximación a la estética del simulacro de Sugimoto, y su interés por los dioramas museísticos y las escenografías naturalistas, por la ambigüedad de las fotografías de animales taxidermizados, por el mimetismo entre diversas formas de reproducción y/o representación visual y su capacidad para contribuir a la construcción de una realidad supeditada a las manifestaciones culturales y a los medios de divulgación, tal y como ha dejado expuesto de modo ejemplar y difícilmente superable Joan Fontcuberta a lo largo de toda su obra intelectual y artística.

Koch no constituye otro ejemplo de la necroantrozoología fotográfica a la que hacíamos referencia en nuestra anterior entrada, o al menos es algo más que eso, puesto que investiga en todas las posibilidades estéticas y expresivas de los cuerpos y los objetos desposeídos de su contexto, o adscritos a un cotexto determinado por un discurso, sea científico, didáctico o poético.

Mafa Alborés.



El elemento determinante en el trabajo fotográfico de Michael Koch es la transformación. Los individuos privados se convierten en modelos a seguir que se mezclan con el arte histórico y los patrones de los medios de comunicación.  

Esta combinación con elementos privados y públicos en imágenes molesta una especie de suspensión psicológica que abre la dirección de los motivos del deseo. 

Estos "modelos de modelos arquetípicos" de dandy a diva, de héroe a fracaso, se refieren a la personalidad del artista intérprete o ejecutante que Koch examina en el proceso de explicación. Los motivos de paisajes en sus imágenes que se combinan con los retratos de roles y las imágenes de objeto en un diálogo comparten el mismo tema. El lugar o cosa real existente no es el tema, sino la sección del paisaje como escenas y campos de proyección. Sus imágenes a menudo evocan una cierta distancia. Insectos, animales de peluche, flores marchitas, piel, gente disfrazada: la belleza misteriosa e inherente es parte de la realidad de Koch. Está mostrando una construcción de la realidad que permite contar mentiras hermosas.

Michael Koch

Extracto del artículo de Emma Kisiel sobre la obra de Michael Koch:

Michael Koch

En su serie colección eterna, el fotógrafo alemán Michael Koch "combina fotografías de naturaleza y ciencia y su (re) presentación".




Según el artista, las imágenes exploran "el espacio entre lo imaginado y lo real". Aislados en campos de color gris o negro, los animales de taxidermia, los especímenes y los esqueletos se presentan objetivamente, aunque de una manera un poco inquietante. Hay tanta variedad de contraste en las imágenes... En muchas de ellas, se da una simplicidad que es desorientadora y al mismo tiempo agradable; es como si todo lo no esencial hubiera sido suavizado. Me encanta el misterio que esta calidad agrega, particularmente en la fotografía Parental Care, de un pájaro con un nido. Siento que estoy buscando en un diorama en un museo de historia natural, buscando la representación de un animal que solo está activo con poca luz.







































Resumen biográfico:

1973

nacido en Braunschweig, vive y trabaja en Düsseldorf, Alemania.



1998-2004

estudios de diseño de comunicación

Universität Gesamthochschule Duisburg-Essen / Folkwang

clase de Bernhard Prinz y la Dra. Herta Wolf.

arte y fotografía, historia y teoría de la fotografía

2002

muy elogiado - John Kobal Photographic Portrait Award

National Portrait Gallery, Londres

2004

Diploma - Universität Gesamthochschule Duisburg-Essen / Folkwang

Nunca te prometí un jardín de rosas

2005

distinción en el 7º Premio Aenne-Biermann de fotografía contemporánea alemana

2016

preseleccionado Royal Photographic Society IPE 159

2017

Monochrome Photography Awards 2016 - mención de honor

Premio Nominado en la Naturaleza en la Beca Photogrvphy 2017.

2018

el Reino animal. L.A. Photo Curator, Global Photography Award - mención honorífica

preseleccionado Royal Photographic Society IPE 161



https://michael-koch.jimdo.com/ 

http://muybridgeshorse.com/2018/09/06/michael-koch/


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Guido Mocafico fotografía los exquisitos modelos zoológicos de invertebrados en vidrio de los Blaschka

Kendal Murray. El paraíso materialista o la ecología capitalista: dioramas de ensueños paisajísticos. 

 Fotografía y simulacro. Dioramas fotográficos recreando fotos ilustremente icónicas por Jojakim Cortis y Adrian Sonderegger, y todo un periplo fotográfico por escenografías realistas.