Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta fotografía nocturna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fotografía nocturna. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de abril de 2019

Fotografía, Naturaleza y Artificio a través de la mirada de Jose Navarrete más crítica con la animalidad humana y con la humanidad alternativa.

Jose Navarrete (del proyecto fotográfico "Crossdressers")

Jose Navarrete
Aprovechamos nuestro tránsito por el trabajo fotográfico de Francisco Provedo para enlazar con otra obra fotográfica de diferente calado. Volvemos a traer a nuestra bitácora a uno de nuestros fotógrafos contemporáneos favoritos, Jose Navarrete, a quien ya destacamos en su día por la significativa presencia de elementos evocadores de la naturaleza, y de la zoología perdida, en su reportaje de paisejes urbanos e interiores decadentes en restaurantes de zonas industriales en crisis: Extrarradios.

Es cierto que contemplábamos de forma parcial uno de los múltiples aspectos de este interesante proyecto fotográfico, y que barríamos para nuestro terreno al observar la presencia de sórdidos vestigios animales y naturalezas muertas en espacios arquitectónicos ganados a territorios antaño agropecuarios a fuerza de expansión industrial, pero ciertos nexos poéticos unen a la agreste Patagonia de Provedo con los comedores de polígono industrial de Navarrete, aunque sean (significativamente) lejanos.

Jose Navarrete: Extrarradios

Hace tiempo, al exponer nuestras impresiones sobre el proyecto fotográfico Extrarradios, de Jose Navarrete, dejábamos claro que su inclusión entre nuestras selecciones de arte antrozoológico se debía a la presencia de imágenes animales y animales taxidermizados en muchos de los escenarios registrados por su cámara. Por lo tanto, no podríamos afirmar en Navarrete planteamiento antrozoológico alguno a no ser como inebitable registro de accidentes antrozoológicos en su fotografía eminentemente social. No obstante, ya expusimos en su día hasta qué punto la antrozoología no es sino una extensión de la sociología teórica, y en la entrada de hoy volvemos a hacer una reseña sobre los reportajes fotográficos de Jose Naverrete forzando tal vez de nuevo su asociación con una cierta antrozoología artística.

Aunque ya hicimos referencia anteriormente a la cuestión del diformismo sexual en otras especies animales, lo cierto es que incluso en aquella ocasión dábamos cuenta de ello por motivos igualmente antropológicos, dado que desde un punto de vista antrozoológico el diformismo sexual es un refuerzo de las identidades del mal llamado género y modelo iconográfico de caracterización externa de personajes y diseño de vestuario, sea en ámbitos escénicos o artísticos, narrativos, ficticios, o en ámbitos sociales que definen la realidad de los roles asignados en base a una diferenciación en principio puramente biológica.
La diferenciación visual entre géneros de una misma especie es algo bien conocido. Es lo que se llama dimorfismo sexual, y son estas diferencias físicas las que sirven para despertar en los diferentes sexos de una misma especie diferentes pautas de conducta encaminadas a la perpetuación de la misma:
En algunos casos, dichas diferencias físicas sirven para camuflar en el entorno al miembro que pasa más tiempo protegiendo, alimentando o incubando a las crías, generalmente la hembra, en otros casos el dimorfismo se basa superestímulos que atraen al sexo contrario porque supuestamente constatan una mayor capacitación física para actividades de supervivencia, o simplemente porque resultan llamativos. Así pues, los machos suelen ser de mayor tamaño, de colores más vivos y estridentes para atraer la atención de las hembras o para desviar la atención de los depredadores.
Por alguna razón, en nuestra cultura el macho humano ha sido usurpado de las llamativas y coloristas señales de su atuendo, que se han traspasado a las hembras, supuestas encargadas de atraer al macho humano con exhibiciones más propias de machos en casi todo el mundo animal. El hiperdimorfismo sexual más allá de la femineidad humana encuentra su terreno natural en los recursos de la estética drag-queen, y en el mundo de la ficción animada, las bailarinas avestruces de Disney son llamativos machos de aspecto antropocentristamente femenino.
En aquel post rescatábamos una interesante entrada original de COLOSSAL que reúne un recopilatorio de ejemplares de lepidópteros en colecciones entomológicas de diferentes especialistas que han seleccionado ejemplares de aspecto hermafrodita o cuando menos andrógino, al presentar asimetrías: un ala de macho y un ala de hembra.

Recordemos que el coleccionismo de este tipo de ejemplares era uno de las pasiones de Sir Joseph (en cierta manera alter ego alternativo de Joseph Banks), superior del Doctor Stephen Maturin en las sagas navales de Patrick O'Brian. La fascinación por estos ejemplares zoológicos se basa en la analogía con nuestra realidad, con nuestra particular animalidad humana subrayada por las diferenciaciones de género basadas en la indumentaria, encaminada a reforzar la imagen de lo masculino y lo femenino en base a comportamientos dependientes de roles puramente sociales.

El reciente proyecto de Navarrete que reclama nuestra atención y comentario de hoy (aunque lo tenemos aparcado en nuestros borradores desde hace ya tiempo) es Crossdressers, una interesante aproximación sociológica, profundamente humana, a la observación de los roles sexuales como rasgo identitario individual.

Se trata de algo más que una mirada al travestismo. El travesti propiamente dicho puede ser ocasional o atender a una pulsión de identidad con una sexualidad alternativa. Hombres que se sienten mujeres y que visten como tal, mujeres que se sienten hombres y hacen lo mismo. El travestismo es la antesala de la transexualidad física que recurre a la hormonación o a la cirugía para una transformación física en base a una condición psicológica, pero no necesariamente. Entre otras múltiples opciones se halla sencillamente la de los trangresores de la apariencia que necesitan contactar con su identidad femenina desde su condición supuestamente masculina y condicionada por tanto por la vestimenta, el estilismo y la cosmética. El crossdresser traspasa esta barrera de la apariencia para sí mismo y para quien siga su juego y acepte su identidad alternativa como algo tan real como su establece el juego de apariencias con los espejos y por lo tanto con la fotografía, arte cómplice por excelencia con la observación de las apariencias.

Jose Navarrete intenta una aproximación comprensiva e integradora a un colectivo que gusta de romper la fronteras transgénero para diluir los encorsetamientos de la identidad individual frente a las expectativas colectivas. Lo hace gracias a la cercanía, aumentando la distancia focal de las ópticas empleadas con respecto a Extrarradios para establecer una cercanía lo suficientemente íntima para respetar el juego de apriencias y simultáneamente desvelarlo sin que ello constituya más que una constatación acrítica del hecho, ahondando en la empatía implícita entre observador y observado para que ambos concluyan en la aceptación de la identedidad femenina que la fotografía les otorga.

Por ello, de alguna manera, el retrato pactado adquiere inevitablemente una analogía con las cámaras-trampa empleadas por organismos como GEMTE con los que colabora el antes mencionado Francisco Provedo. Sin embargo somos conscientes de estar estableciendo un juego de palabras perverso entre un fotógrafo de la naturaleza como Provedo (aunque practique otros campos de la fotografía) y un fotógrafo de la naturalidad como Navarrete. El término intermedio sertía el naturalismo entendido como estilo literario de Balzac o de Galdós. Jose Navarrete vuelca todo el contenido implícito en su mirada empática a la humanidad y a la identidad social de sus sujetos retratados, y por ello su trap-camera precisa de su presencia, de su intermediación con los retratados para no ser meros objetos de estudio, sino partícipes de una integración social alternativa que amplía nuestra propia preconcepción de los roles sociales y de nuestra propia condición biológica.
Jose Navarrete: Crossdressers

                                
Siempre en sintonía con el interés humano, sociológico, de Jose Navarrete, sus fotografías, interesantes por sí mismas como obra artística, adquieren un valor documental de mayor calado cuando son acompañadas por sus propias observaciones acerca de la gestión del proyecto en sus charlas y conferencias, generalmente en ámbitos intelectuales y educativos directamente relacionados con el ejercicio de la Fotografía.


En Crossdressers observamos una intersección de géneros, el reportaje y el retrato fotográficos, que no se restan protagonismo y que otorgan a la práctica de la fotografía y de su desarrollo expositivo un claro carácter de ventana a otros mundos dentro del nuestro, como diría Huxley, servidos a través de la mirada y la observación atenta del artista ejerciendo como canal comunicador, predisponiéndonos tan sólo con la generación de un cierto clima o atmósfera, reflexiva y sosegada.


Hay una indudable diferencia estética en cuanto a aproximación escópica entre los interiores sórdidamente vacíos de Extrarradios, desde un cierto distanciamiento intelectual y óptico, condenando al observador a una especie de soledad condicionada por el espacio, al acercamiento psicosocial de Crossdressers, en que es el sujeto retratado el que es observado en su particular soledad para cuestionarnos acerca de nuestra propia identidad, y si ésta es puramente natural o convencional.

Las convenciones de la imagen fotográfica hacen el resto. El espacio expositivo y el espacio observado en los encuadres de las copias expuestas interactúan haciéndonos reflexionar sobre el contexto de ambos espacios arquitectónicos y de nuestra relación con la naturaleza exterior de la que nos separamos mediante techos y paredes cuando nos paseamos ante las copias de Extrarradios. Las paredes se convierten puertas al interior de otras visiones alternativas de nuestras relaciones sociales, de la naturaleza humana, cuando observamos las copias de Crossdressers.

Jose Navarrete: Extrarradios


 
Jose Navarrete: Crossdressers




Jose Navarrete: Extrarradios



                       
Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios


Jose Navarrete: Extrarradios



Jose Navarrete: Extrarradios
Jose Navarrete: Extrarradios
De forma capciosa hemos seleccionado imágenes de Extrarradios, de Navarrete, que encuadran espacios interiores, urbanos, condicionados por su ubicación a las afueras de los centros urbanos, en las lindes con lo que antaño fué su entorno natural, ahora convertido en cinturón industrial al que se adosan este tipo de negocios complementarios, simbióticos, ofreciendo un servicio de restauración a los trabajadores de estas zonas. Su crecimiento en dicho biotopo industrial dependía del éxito y proliferación de las fábricas e industrias de servicios generadoras de puestos de trabajo. La crisis de éstas suponía la inevitable crisis de dichos restaurantes, convertidos ahora en espacios desmesuradamente grandes para su escasa afluencia actual. No es difícil establecer una cierta relación con la documentación fotográfica de los espacios naturales en que se desarrollan las observaciones mastozoológicas de Francisco Provedo, o de Steve Winter, si prefieren un ejemplo más célebre y contundente.

Jose Navarrete: Extrarradios
En cuanto a las particularidades estéticas de la fotografía nocturna, ya hemos dejado claro en anteriores ocasiones que en el caso de las cámaras trampa está muy condicionada a los sensores de movimiento y a la frontalidad de la iluminación de flash respecto al sujeto fotografiado, incluyendo por tanto el propio paisaje, que determina el encuadre. No está de más observar, tras haber visto las fotos de Steve Winter, o las de Francisco Provedo (incluso mis propias parodias en mi proyecto Animal Invisible) cómo las fotos nocturnas de los entornos donde se realizó Extrarradios muestran una cierta analogía con la espera a la aparición de algún ejemplar de mamífero, aunque la larga exposición que se podría permitir Navarrete podría ocultar el restro de su paso y la luz artificial del alumbrado público de convierte en iluminación natural de los paisajes artificiales, en los que los árboles, como en lamentos propios de Unamuno o Baroja, son iluminados de noche.

Jose Navarrete: Fotografía Esteroscópica (Anaglifo Digital)
No quiero abandonar esta reflexión sobre la fotografía y los condicionantes estéticos y documentales del fotógrafo, de la congelación del momento significativo y todos los tópicos con que solemos argumentar ante nuestros alumnos los profesores de fotografía, sin ofrecer muestras de las alternativas que nos ofrece el entorno virtual, digital, en la actualidad, y que hemos reivindicado incansablemente desde este blog: el cinemagraph y la fotografía estereoscópica.

Bien es cierto que la fotografía estereoscópica, y concretamente el anaglifo, es muy antiguo y no precisa estrictamente de un formato digital, pero sin duda facilita mucho la inmediatez de su desarrollo y aprendizaje. En cuanto al cinemagraph, en forma de GIF fotográfico animado, sólo encuentra su genuina estética cuando remarca y aprovecha su condición de bucle y su hermandad con la fotografía estática, desvinculándose por tanto del cine o el vídeo.

Queremos ofrecer, para terminar, estos dos ejemplos del propio Jose Navarrete, quien nos demuestra comprender con maestría que un anaglifo digital estreoscópico cobre sentido cuando se aprovecha de una gran profundidad de campo significativa y que un cinemagraph gana expresividad cuando cierra el diafragma y ralentiza el tiempo de exposición congelando con evidente instantaneidad el movimiento de algunos objetos frente a los que selectivamente aportan la mirada poética del artista.

Si observáis con gafas anaglifas (rojo-cyan) la foto esteroscópica nocturna de Navarrete, comprenderéis que estéticamente gana en expresividad y contenido, en trascendencia, y no es un mero efectismo óptico añadido a la fotografía monoscópica convencional. Y si quisiéramos recordar que tras las motivaciones estéticas de una fotografía, sea cual sea la técnica empleada, está la mirada y la observación del artista que se comunica con el espectador a través de sus imágenes, no se nos ocurre nada mejos que concluir con este hermos autorretrato callejero en formato cinemagraph de Jose Navarrte, cuya obra fotográfica nos ha servido para reflexiona sobre todo aquello que solemos observar en El Animal Invisible.

Mafa Alborés

Jose Navarrete: Cinemagraph



https://cadenaser.com/emisora/2019/01/30/sercat/1548858681_403366.html




Entradas relacionadas:


Antrozoología Artística.

Diformismo sexual (avestruz, mariposa) 

ANIMALIDAD

Biotopos humanos y fotografía. Efectos de la crisis en restaurantes de zonas industriales: "Extrarradios", por Jose Navarrete

Noa Morales. Fotografía.

Naturalistas de ficción. Charles Darwin y Stephen Maturin como estereotipos del naturalista (I) La historia natural del Dr Stephen Maturin (primera parte)

Naturalistas de ficción. Charles Darwin y Stephen Maturin como estereotipos del naturalista (II) La historia natural del Dr Stephen Maturin (segunda parte)

Naturalistas de ficción (IV). Las Ballenas de Stephen Maturin. Charles Darwin y Stephen Maturin como estereotipos del naturalista (cuarta parte)

Mitos zoológicos: femme fatal, procesiones de viudas negras con sus mantis religiosas.

Mantis religiosas y procesiones de viudas negras

El atractivo de asociar sexo y muerte: "se comen a las hembras en lugar de copular con ellas"

Bellas y bestias. Bestialización femenina y erotismo. El cómic y las chicas de la jungla.

Fotografía estereoscópica. Jose Navarrete, Ramón Tresens, David Santacruz, Tornike Topchisvili, indagan en las posibilidades expresivas de la fotografía tridimensional a través de anaglifos digitales.

Artistas a ambos lados de la cámara. El fotógrafo Jose Navarrete sigue el proceso de una obra del escultor Joan Mora.

 

miércoles, 15 de junio de 2016

Profundizando en la estética de las cámaras-trampa y una selección de las más llamativas de la red




Continuamos con nuestras reflexiones acerca de las imágenes obtenidas automáticamente por cámaras de vigilancia y cámaras-trampa.
Al igual que en el caso de las fotografías obtenidas por la acción voluntaria y consciente de un fotógrafo, con todo lo que implica artística o documentalmente la decisión del profesional de obtenerlas modificando en lo posible sus variables técnicas, las imágenes obtenidas por trap-cameras pueden tener valores añadidos dependiendo de las circunstancias del sujeto fotografiado. Si además de constatar la presencia de un animal en un área, se confirma la excepcionalidad de la toma, ya sea por la acción registrada, más o menos insólita, o por la escasez o rareza de la especie (incluso, a veces por haber sido dada por extinta, cuando no es sencillamente nueva para la ciencia y absolutamente desconocida). Un buen ejemplo de esto último ya lo habíamos comentado al respecto de una captura que confirmaba la pervivencia de al menos un ejemplar de cierta subespecie de guepardo del Sahara que había sido dada por extinta.
Ni que decir tiene que no sólo la importancia científica o conservacionista del registro aporta más valor a la imagen, sino que su apreciación desde un punto de vista artístico se preña de una carga divulgativa y afectiva renovada. Es indudable que los conocedores de la obra fotográfica de Lewis Carrol destacan, quieran o no, de entre todos sus retratos de niñas, los retratos realizados a Alicia Lidell, y por el mismo motivo admiramos el retrato que le hizo, ya mujer, Julia Margaret Cameron. Tal vez sean necesarios ciertos conocimientos zoológicos para ello, pero la excepcionalidad del ejemplar retratado, como en el caso del guepardo saharaui.
A veces, las propias características o limitaciones técnicas de un determinado sistema fotográfico ha contribuido a modificar o distorsionar un mito. En la época de los fotógrafos ambulantes del salvaje Oeste americano, la proliferación de la ferrotipia, un negativo directo de cámaras de visor directo (con su consecuente inversión óptica) como técnica habitual causó que las imágenes que se popularizaron de Billy el Niño mostrasen inversión especular, con lo que la posición de canana y pistolera aparecían invertidas dando lugar al mito de que el famoso pistolero era zurdo, pasando así a la historia por un mero accidente fotográfico.

La importancia y revalorización de una toma debida a la excepcionalidad del sujeto fotografiado sobrepasa a la autoría del fotógrafo, por lo que su obtención por trap-cameras es irrelevante desde un punto de vista emocional para el espectador. Con todo y eso, tal y como vimos en entradas anteriores, la maestría técnica del autor se extiende incluso sobre las imágenes obtenidas mediante esta técnica, dado que sus concienzudos preparativos pueden dar lugar a proyectos tan notables como las series aquí mencionadas de Steve Winter. Desde luego, sigue siendo decisivo el hecho de que, apriete o no directamente el obturador el fotógrafo o un sensor de movimiento por infrarrojos, el animal fotografiado muestre una actitud insóloita, o sea registrado por primera vez realizando una acción conocida pero nunca fotografiada (como reproducirse, por ejemplo) o desconocida y significativa (como recurrir a algún tipo de utensilio, congeniar con especies distintas o dar muerte a depredadores aparentemente más poderosos -por especular algo plausible-). Esto, desde luego, es extensible a fotografías realizadas por fotógrafos profesionales reconocidos, aficionados o cámaras-trampa siempre y cuando se da algo sorpresivo en la toma, sea fotografiar a un raro snubfin o a un guepardo sin motas.



Todo lo expuesto hasta ahora hace que las características propias de una foto-trampa sean reconocibles y acentúen estéticamente la apariencia de veracidad, de accidentalidad, con respecto a los encuadres más reflexivos o elaborados. La estética temblorosa de las cámaras al hombro invadieron las teleseries y películas policiacas a finales de los años 80, así como la de las cámaras domésticas a finales de los 90 y principios del nuevo siglo ("La bruja de Blair" o "Monstruoso" dan buena cuenta de ello).
Suponemos que es por todo esto por lo que es apreciable en la red una sintomática proliferación de fotomontajes y falsificaciones basados en la estética en escueto blanco y negro e iluminación dura y frontal de flash propia de las cámaras-trampa nocturnas.

De hecho, la abundancia de tomas en blanco y negro se debe a un ahorro en recursos de memoria, aunque sean perfectamente posibles, aunque menos abundantes, las tomas en color, pero se asume como un rasgo tan asociable al verismo de este tipo de registro como lo sigue siendo para los flashbacks cinematográficos.





El propio carácter invasivo, voyeurista, de estas cámaras automatizadas, otorga un matiz humorístico o cuando menos irónico a ciertas escenas, como por ejemplo las relaciones sexuales entre animales, observados en este caso a través de un filtro cultural humanizante que tal vez no se daría en fotografías obtenidas con ópticas y encuadres más concienzudos o sofisticados.
Evidentemente, algunas podrían seguir conservando su carácter documental más o menos excepcional, como el caso de la imagen de la izquierda, pero si observamos la de la dercha, no podemos evitar una engañosa empatía con la expresión del león y la leona implicados, aunque en este caso no quede en principio confirmada la acción automática de una trap-camera pero sí la rotura de la intimidad nocturna por el flash fotográfico.
El misterio que de forma ancestral asociamos a la noche, a la oscuridad, y a las criaturas míticas que se ocultan en ella acompañan inexorablemente a las fotografías de fauna nocturnas desde los tiempos de George Shiras hasta la actalidad, y los obstáculos que supone técnicamente la realización de este tipo de tomas se asocian no sólo al riesgo sino a la dificultad basada en una cuestión de éxito estadístico, por lo que la simple casualidad, algo inaprehensible e involuntario por definición, es responsable de la revalorización de la imagen como si de una rara perla se tratase.



Si la composición, fruto de la caual reacción de un cérvido al repentino flash automático de la cámara, ya es notablemente llamativa y expresiva, la aparición de un petauro planeando en un punto estratégico al fondo de la composición por pura coincidencia hacen que el siguiente ejemplo sea uno de los que más nos haya llamado la atención de todos nuestros hallazgos en la red. Nos gustaría tener más información sobre esta imagen y poder constatar si no se trata de un fotomontaje, que sería significativo, inteligente y oportuno, pero no supondría una rara avis fotográfica como la que desde luego aparenta, muy en la línea de la excelente toma del búho canadiense que ya comentamos en la anterior entrada.

A las cámaras diseñadas específicamente para el trabajo de campo de biólogos y guardabosques, deberíamos añadir la de las cámaras portátiles, entre las cuales las populares go-pro, tan frecuentes para prevenir incidentes de relevancia jurídica en asuntos de tráfico rodado, por ejemplo, que deberíamos incluir en una subcategoría emparentada con las trap-cameras y que en ocasiones obtienen resultados similares, aunque normalmente su registro sea en video y con menos resolución por cada fotograma individual. Aunque se trate de una falsificación por fotomontaje digital, nos parece especialmente significativa y agudamente ejemplarizante de lo hasta ahora comentado la que parece sorprender a los músicos de Bremen del popular cuento en plena autovía.

Esperamos que nuestro comentario os haya hecho pensar al respecto y apreciar con una visión renovada la estética proia y particular de las trap-cameras, y si no os he parecido lo suficientemente serio, académico o respaldado por mi (inexistente) prestigio como fotográfo, os recomiendo, al final de la selección de imágenes, la lectura del artículo "Máquinas Fotografiando" de Olmo González Moriana al que ya habíamos hecho referencia.
Veréis que entre las imágenes seleccionadas a continuación algunas muestran claramente textos y dígitos con metadatos que evidencian (o en algunos casos contribuyen a disfrazar) su origen documental automático, otras no, aunque hayan sido realizadas por el accionamiento automático de estos sistemas de vigilancia zoológica, y algunas son fruto de la espera paciente y el control riguroso de profesionales tras el objetivo o disponiendo con criterios artísticos los encuadres e iluminación vinculados a las trampas fotográficas. Observadlos con detenimiento y a ver si habéis aprendido a distinguirlos. En caso de que tengáis información sobre alguna de las imágenes mostradas, no dudéis en contactarnos para facilitarla.

Mafa Alborés




















































































 



http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2015/02/imagenes-manchadas-e-imagenes-de-gatos.html

http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2013/04/snubfin-todavia-es-posible-descubrir.html



Cámaras espía, vigilancia, máquinas y fotografía naturalista. El sabio ejemplo del búho a ojos de Olmo González Moriana.

http://www.blankpaper.es/content/maquinas-fotografiando



ARTÍCULOS: Olmo González Moriana
21/1/16
3

MÁQUINAS FOTOGRAFIANDO

Este texto está motivado por mi próxima participación en las jornadas DONE organizadas por Fundación Foto Colectania y por la presentación de mi libro CONTROL esta tarde en Blank Paper Escuela, en la que trataré este tema aunque de manera diferente.

Hace unos días nos encontrábamos en la red una secuencia de imágenes obtenidas por una cámara de tráfico en Quebec, Canadá, en la que aparecía un búho en escena y que el Ministro de Transporte de Quebec había subido asu página de facebook convirtiendo en viral unas imágenes que, de haber sido realizadas por un humano, seguramente habrían pasado inadvertidas. 

La anécdota en este caso, que con una cámara que graba todo el tiempo se obtenga una escena llamativa, no deja de ser casualidad, se convierte en destacable por el hecho de que no sea una persona sino una cámara, una máquina automática la que parece imitar la intención humana al capturar una escena llamativa. Pero no nos engañemos, si esa escena ha tenido repercusión es porque un humano la ha seleccionado. Por ahora las máquinas por sí mismas no se detendrían a señalar como trascendente que un búho pase por delante de la lente de una cámara, si acaso lo harían para multarle y no para admirar su belleza.
Un caso similar y aún más llamativo ocurrió con un accidente aéreo en Taiwan, donde una cámara instalada en un coche capturaba el momento exacto en que un avión comercial se estrellabaEl momento es tan espectacular que no pocas personas dudaron de su veracidad, aunque se ha comprobado que eran ciertasDe nuevo este acontecimiento se convierte en noticia porque un humano seleccionó esa secuencia y la subió a internet.
Estos ejemplos podrían ser solo demostraciones de cómo la edición, en plena vorágine de flujos de imágenes circulando, se convierte en un hecho fotográfico (o postfotográfico, para ser rigurosos), igual que al caminar por una calle y encuadrar y disparar una cámara estamos editando el mundo convirtiéndolo en fotografías, hoy en día el mundo entero está siendo filmado o fotografiado, por lo que la edición puede pasar a un plano virtual y ponerse en funcionamiento mediante la selección dentro del flujo de imágenes circulando por doquier.
Pero quizás lo interesante de todo esto, por dar un paso más allá del discurso postfotográfico, sea imaginar qué pasará en el momento en que todas estas máquinas no solo estén programadas para editar (fotografiar) en ese flujo de imágenes a la hora de multar o reconocer caras (facebook, por ejemplo, lo hace en milésimas de segundo al subir cualquier foto), sino que también alguien las programe para ganar el worldpressphoto o tener millones de visitas en instagram o, yendo aún más allá, cuando la capacidad de autoprogramación de estas máquinas sea tal que puedan decidir por sí mismas en qué espacio visual es interesante tenernos a sus pies, publicidad, política, enseñanza, arte… 
La imagen es una herramienta muy poderosa por su conexión con el inconsciente, por algo es el medio favorito de manipulación de masas. Y las máquinas son las únicas capacitadas ahora mismo para digerir la enorme cantidad de imágenes que se producen en el mundo, ¿qué ocurrirá cuando sean, además, capaces de pensarlas?