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sábado, 27 de abril de 2019

Fotografía, Naturaleza y Artificio a través de la mirada de Jose Navarrete más crítica con la animalidad humana y con la humanidad alternativa.

Jose Navarrete (del proyecto fotográfico "Crossdressers")

Jose Navarrete
Aprovechamos nuestro tránsito por el trabajo fotográfico de Francisco Provedo para enlazar con otra obra fotográfica de diferente calado. Volvemos a traer a nuestra bitácora a uno de nuestros fotógrafos contemporáneos favoritos, Jose Navarrete, a quien ya destacamos en su día por la significativa presencia de elementos evocadores de la naturaleza, y de la zoología perdida, en su reportaje de paisejes urbanos e interiores decadentes en restaurantes de zonas industriales en crisis: Extrarradios.

Es cierto que contemplábamos de forma parcial uno de los múltiples aspectos de este interesante proyecto fotográfico, y que barríamos para nuestro terreno al observar la presencia de sórdidos vestigios animales y naturalezas muertas en espacios arquitectónicos ganados a territorios antaño agropecuarios a fuerza de expansión industrial, pero ciertos nexos poéticos unen a la agreste Patagonia de Provedo con los comedores de polígono industrial de Navarrete, aunque sean (significativamente) lejanos.

Jose Navarrete: Extrarradios

Hace tiempo, al exponer nuestras impresiones sobre el proyecto fotográfico Extrarradios, de Jose Navarrete, dejábamos claro que su inclusión entre nuestras selecciones de arte antrozoológico se debía a la presencia de imágenes animales y animales taxidermizados en muchos de los escenarios registrados por su cámara. Por lo tanto, no podríamos afirmar en Navarrete planteamiento antrozoológico alguno a no ser como inebitable registro de accidentes antrozoológicos en su fotografía eminentemente social. No obstante, ya expusimos en su día hasta qué punto la antrozoología no es sino una extensión de la sociología teórica, y en la entrada de hoy volvemos a hacer una reseña sobre los reportajes fotográficos de Jose Naverrete forzando tal vez de nuevo su asociación con una cierta antrozoología artística.

Aunque ya hicimos referencia anteriormente a la cuestión del diformismo sexual en otras especies animales, lo cierto es que incluso en aquella ocasión dábamos cuenta de ello por motivos igualmente antropológicos, dado que desde un punto de vista antrozoológico el diformismo sexual es un refuerzo de las identidades del mal llamado género y modelo iconográfico de caracterización externa de personajes y diseño de vestuario, sea en ámbitos escénicos o artísticos, narrativos, ficticios, o en ámbitos sociales que definen la realidad de los roles asignados en base a una diferenciación en principio puramente biológica.
La diferenciación visual entre géneros de una misma especie es algo bien conocido. Es lo que se llama dimorfismo sexual, y son estas diferencias físicas las que sirven para despertar en los diferentes sexos de una misma especie diferentes pautas de conducta encaminadas a la perpetuación de la misma:
En algunos casos, dichas diferencias físicas sirven para camuflar en el entorno al miembro que pasa más tiempo protegiendo, alimentando o incubando a las crías, generalmente la hembra, en otros casos el dimorfismo se basa superestímulos que atraen al sexo contrario porque supuestamente constatan una mayor capacitación física para actividades de supervivencia, o simplemente porque resultan llamativos. Así pues, los machos suelen ser de mayor tamaño, de colores más vivos y estridentes para atraer la atención de las hembras o para desviar la atención de los depredadores.
Por alguna razón, en nuestra cultura el macho humano ha sido usurpado de las llamativas y coloristas señales de su atuendo, que se han traspasado a las hembras, supuestas encargadas de atraer al macho humano con exhibiciones más propias de machos en casi todo el mundo animal. El hiperdimorfismo sexual más allá de la femineidad humana encuentra su terreno natural en los recursos de la estética drag-queen, y en el mundo de la ficción animada, las bailarinas avestruces de Disney son llamativos machos de aspecto antropocentristamente femenino.
En aquel post rescatábamos una interesante entrada original de COLOSSAL que reúne un recopilatorio de ejemplares de lepidópteros en colecciones entomológicas de diferentes especialistas que han seleccionado ejemplares de aspecto hermafrodita o cuando menos andrógino, al presentar asimetrías: un ala de macho y un ala de hembra.

Recordemos que el coleccionismo de este tipo de ejemplares era uno de las pasiones de Sir Joseph (en cierta manera alter ego alternativo de Joseph Banks), superior del Doctor Stephen Maturin en las sagas navales de Patrick O'Brian. La fascinación por estos ejemplares zoológicos se basa en la analogía con nuestra realidad, con nuestra particular animalidad humana subrayada por las diferenciaciones de género basadas en la indumentaria, encaminada a reforzar la imagen de lo masculino y lo femenino en base a comportamientos dependientes de roles puramente sociales.

El reciente proyecto de Navarrete que reclama nuestra atención y comentario de hoy (aunque lo tenemos aparcado en nuestros borradores desde hace ya tiempo) es Crossdressers, una interesante aproximación sociológica, profundamente humana, a la observación de los roles sexuales como rasgo identitario individual.

Se trata de algo más que una mirada al travestismo. El travesti propiamente dicho puede ser ocasional o atender a una pulsión de identidad con una sexualidad alternativa. Hombres que se sienten mujeres y que visten como tal, mujeres que se sienten hombres y hacen lo mismo. El travestismo es la antesala de la transexualidad física que recurre a la hormonación o a la cirugía para una transformación física en base a una condición psicológica, pero no necesariamente. Entre otras múltiples opciones se halla sencillamente la de los trangresores de la apariencia que necesitan contactar con su identidad femenina desde su condición supuestamente masculina y condicionada por tanto por la vestimenta, el estilismo y la cosmética. El crossdresser traspasa esta barrera de la apariencia para sí mismo y para quien siga su juego y acepte su identidad alternativa como algo tan real como su establece el juego de apariencias con los espejos y por lo tanto con la fotografía, arte cómplice por excelencia con la observación de las apariencias.

Jose Navarrete intenta una aproximación comprensiva e integradora a un colectivo que gusta de romper la fronteras transgénero para diluir los encorsetamientos de la identidad individual frente a las expectativas colectivas. Lo hace gracias a la cercanía, aumentando la distancia focal de las ópticas empleadas con respecto a Extrarradios para establecer una cercanía lo suficientemente íntima para respetar el juego de apriencias y simultáneamente desvelarlo sin que ello constituya más que una constatación acrítica del hecho, ahondando en la empatía implícita entre observador y observado para que ambos concluyan en la aceptación de la identedidad femenina que la fotografía les otorga.

Por ello, de alguna manera, el retrato pactado adquiere inevitablemente una analogía con las cámaras-trampa empleadas por organismos como GEMTE con los que colabora el antes mencionado Francisco Provedo. Sin embargo somos conscientes de estar estableciendo un juego de palabras perverso entre un fotógrafo de la naturaleza como Provedo (aunque practique otros campos de la fotografía) y un fotógrafo de la naturalidad como Navarrete. El término intermedio sertía el naturalismo entendido como estilo literario de Balzac o de Galdós. Jose Navarrete vuelca todo el contenido implícito en su mirada empática a la humanidad y a la identidad social de sus sujetos retratados, y por ello su trap-camera precisa de su presencia, de su intermediación con los retratados para no ser meros objetos de estudio, sino partícipes de una integración social alternativa que amplía nuestra propia preconcepción de los roles sociales y de nuestra propia condición biológica.
Jose Navarrete: Crossdressers

                                
Siempre en sintonía con el interés humano, sociológico, de Jose Navarrete, sus fotografías, interesantes por sí mismas como obra artística, adquieren un valor documental de mayor calado cuando son acompañadas por sus propias observaciones acerca de la gestión del proyecto en sus charlas y conferencias, generalmente en ámbitos intelectuales y educativos directamente relacionados con el ejercicio de la Fotografía.


En Crossdressers observamos una intersección de géneros, el reportaje y el retrato fotográficos, que no se restan protagonismo y que otorgan a la práctica de la fotografía y de su desarrollo expositivo un claro carácter de ventana a otros mundos dentro del nuestro, como diría Huxley, servidos a través de la mirada y la observación atenta del artista ejerciendo como canal comunicador, predisponiéndonos tan sólo con la generación de un cierto clima o atmósfera, reflexiva y sosegada.


Hay una indudable diferencia estética en cuanto a aproximación escópica entre los interiores sórdidamente vacíos de Extrarradios, desde un cierto distanciamiento intelectual y óptico, condenando al observador a una especie de soledad condicionada por el espacio, al acercamiento psicosocial de Crossdressers, en que es el sujeto retratado el que es observado en su particular soledad para cuestionarnos acerca de nuestra propia identidad, y si ésta es puramente natural o convencional.

Las convenciones de la imagen fotográfica hacen el resto. El espacio expositivo y el espacio observado en los encuadres de las copias expuestas interactúan haciéndonos reflexionar sobre el contexto de ambos espacios arquitectónicos y de nuestra relación con la naturaleza exterior de la que nos separamos mediante techos y paredes cuando nos paseamos ante las copias de Extrarradios. Las paredes se convierten puertas al interior de otras visiones alternativas de nuestras relaciones sociales, de la naturaleza humana, cuando observamos las copias de Crossdressers.

Jose Navarrete: Extrarradios


 
Jose Navarrete: Crossdressers




Jose Navarrete: Extrarradios



                       
Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios

Jose Navarrete: Extrarradios


Jose Navarrete: Extrarradios



Jose Navarrete: Extrarradios
Jose Navarrete: Extrarradios
De forma capciosa hemos seleccionado imágenes de Extrarradios, de Navarrete, que encuadran espacios interiores, urbanos, condicionados por su ubicación a las afueras de los centros urbanos, en las lindes con lo que antaño fué su entorno natural, ahora convertido en cinturón industrial al que se adosan este tipo de negocios complementarios, simbióticos, ofreciendo un servicio de restauración a los trabajadores de estas zonas. Su crecimiento en dicho biotopo industrial dependía del éxito y proliferación de las fábricas e industrias de servicios generadoras de puestos de trabajo. La crisis de éstas suponía la inevitable crisis de dichos restaurantes, convertidos ahora en espacios desmesuradamente grandes para su escasa afluencia actual. No es difícil establecer una cierta relación con la documentación fotográfica de los espacios naturales en que se desarrollan las observaciones mastozoológicas de Francisco Provedo, o de Steve Winter, si prefieren un ejemplo más célebre y contundente.

Jose Navarrete: Extrarradios
En cuanto a las particularidades estéticas de la fotografía nocturna, ya hemos dejado claro en anteriores ocasiones que en el caso de las cámaras trampa está muy condicionada a los sensores de movimiento y a la frontalidad de la iluminación de flash respecto al sujeto fotografiado, incluyendo por tanto el propio paisaje, que determina el encuadre. No está de más observar, tras haber visto las fotos de Steve Winter, o las de Francisco Provedo (incluso mis propias parodias en mi proyecto Animal Invisible) cómo las fotos nocturnas de los entornos donde se realizó Extrarradios muestran una cierta analogía con la espera a la aparición de algún ejemplar de mamífero, aunque la larga exposición que se podría permitir Navarrete podría ocultar el restro de su paso y la luz artificial del alumbrado público de convierte en iluminación natural de los paisajes artificiales, en los que los árboles, como en lamentos propios de Unamuno o Baroja, son iluminados de noche.

Jose Navarrete: Fotografía Esteroscópica (Anaglifo Digital)
No quiero abandonar esta reflexión sobre la fotografía y los condicionantes estéticos y documentales del fotógrafo, de la congelación del momento significativo y todos los tópicos con que solemos argumentar ante nuestros alumnos los profesores de fotografía, sin ofrecer muestras de las alternativas que nos ofrece el entorno virtual, digital, en la actualidad, y que hemos reivindicado incansablemente desde este blog: el cinemagraph y la fotografía estereoscópica.

Bien es cierto que la fotografía estereoscópica, y concretamente el anaglifo, es muy antiguo y no precisa estrictamente de un formato digital, pero sin duda facilita mucho la inmediatez de su desarrollo y aprendizaje. En cuanto al cinemagraph, en forma de GIF fotográfico animado, sólo encuentra su genuina estética cuando remarca y aprovecha su condición de bucle y su hermandad con la fotografía estática, desvinculándose por tanto del cine o el vídeo.

Queremos ofrecer, para terminar, estos dos ejemplos del propio Jose Navarrete, quien nos demuestra comprender con maestría que un anaglifo digital estreoscópico cobre sentido cuando se aprovecha de una gran profundidad de campo significativa y que un cinemagraph gana expresividad cuando cierra el diafragma y ralentiza el tiempo de exposición congelando con evidente instantaneidad el movimiento de algunos objetos frente a los que selectivamente aportan la mirada poética del artista.

Si observáis con gafas anaglifas (rojo-cyan) la foto esteroscópica nocturna de Navarrete, comprenderéis que estéticamente gana en expresividad y contenido, en trascendencia, y no es un mero efectismo óptico añadido a la fotografía monoscópica convencional. Y si quisiéramos recordar que tras las motivaciones estéticas de una fotografía, sea cual sea la técnica empleada, está la mirada y la observación del artista que se comunica con el espectador a través de sus imágenes, no se nos ocurre nada mejos que concluir con este hermos autorretrato callejero en formato cinemagraph de Jose Navarrte, cuya obra fotográfica nos ha servido para reflexiona sobre todo aquello que solemos observar en El Animal Invisible.

Mafa Alborés

Jose Navarrete: Cinemagraph



https://cadenaser.com/emisora/2019/01/30/sercat/1548858681_403366.html




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viernes, 21 de septiembre de 2018

John Barrow. Fotografía y animales frente a fotografía y sociedad.






John Barrow
En un artículo de Emma Kisiel en Muybridge's Horse, descubrimos las series fotográficas de John Barrow. No podemos evitar recordar el uso de volumetrías y esculturas por parte de Mariana Lopes para recordarnos lo artificial de la ausencia de los animales en los entornos que presuponemos como naturales.

John Barrow 

Una de las formas más comunes y cotidianas en que experimentamos la existencia de los animales es mediante sus representaciones: como decoraciones, mascotas, juegos mecánicos, juguetes de peluche. Me resulta fascinante ver cuán frecuentes son los animales en tantas partes del mundo, sin embargo, qué poco consideradas son sus vidas (y muertes). Porque creo que todos los humanos deberían considerar este hecho más, siempre me intriga el arte que lo hace. 
John Barrow
El artista John Barrow se retiró de una carrera como ingeniero e informático, y comenzó a explorar y aprender sobre fotografía. Tras mudarse a una pequeña aldea rural, el material que pudo explorar fue su entorno inmediato: las praderas del highveld sudafricano y sus habitantes. 

 "El contraste entre la relación de los habitantes de las zonas rurales, a menudo viviendo cerca de los niveles de subsistencia, y de los habitantes de las ciudades con el mundo animal se hizo evidente cuando miré las fotografías que estaba tomando", escribe John. "Me di cuenta de que ambos grupos de personas están atrapados en relaciones ambivalentes, aunque muy diferentes, con los animales. La selección que ofrezco aquí considera principalmente a los habitantes urbanos y lo que parece ser una necesidad fuerte y generalizada de introducir recordatorios de sus vínculos y necesidades animales en una existencia urbana". 

John Barrow
Declaración del artista: 

Ya sea deliberadamente o no, las actitudes de nuestra civilización moderna hacia nuestros semejantes se reflejan a menudo en las representaciones que creamos. Nuestros espacios públicos están llenos de estas representaciones, no solo como obras de arte específicas, sino también como expresiones espontáneas de los animales espaciales que ocupan nuestra conciencia general. Estas encarnaciones a menudo parecen ser sustitutos de lo real, para una mayor convivencia con el mundo natural. 

Mi objetivo con esta serie de fotografías es fomentar momentos de deliberación sobre la forma en que simultáneamente renunciamos a nuestros compañeros animales a un plano inferior de existencia y queremos afirmar nuestra inclusión en un mundo más amplio donde los animales nutren nuestra experiencia humana.


Creemos que el contenido de este artículo sobre las fotografías de Barrow podría ilustrar lo dicho por vuestro seguro servidor en el texto original que dio origen a los contenidos de este blog, del que extraemos lo siguiente:

2-LA BESTIA IMAGINADA.ANIMALIDAD E IMAGEN.



2-1- CONNOTACIONES CULTURALES EN LAS IMÁGENES ZOOLÓGICAS.

John Barrow
Las características propias de cada cultura dejan inevitablemente vestigios observables en las anotaciones gráficas y literarias que disponemos de animales, a través precisamente de las imágenes de distinta índole que con mayor o menor exactitud la humanidad ha ido extrayendo de ellos, de su presencia física, de su ausencia, de los potenciales perfectos y futuribles de figuras casi siempre inanimadas: las ilustraciones zoológicas, el resumen de las capacidades físicas -o éticas- de un ser vivo en una sola pose.

El naturalista japonés Hiroshi Aramata recordaba con fascinación una visita al zoológico de Amberes cuando éste acogía una exposición “única en su género” denominada “Homo Sapiens”; en ella, al parecer, una jaula dotada de un ingenioso mecanismo albergaba, según el propio Aramata, la criatura más fascinante de todas: el ser humano. Un espejo adecuadamente ubicado en la jaula, reflejaba la “asombrada imagen de los propios visitantes”.

Aramata recuerda este hecho a propósito de la edición en occidente de su libro sobre imágenes zoológicas del siglo XVIII. Imágenes elaboradas por naturalistas, dibujantes, grabadores e ilustradores, artistas y científicos ilustres en muchos casos. En la versión japonesa, el libro incluía a Homo Sapiens de acuerdo al “criterio de Amberes”, pero la edición europea lo elimina del volumen dedicado a mamíferos en base a una decisión que Aramata califica como profundamente interesante, tan interesante como el propio significado del sintagma nominal “jardín zoológico”, lugar vetado a la inclusión del hombre.
Huir del zoológico es huir de las páginas de los libros de animales, esos libros ilustrados que se hojean, se ojean, se ven (y se leen), se leen y se hojean/ojean/ven (se miran).
Cómo consigue el hombre huir de los libros ilustrados de zoología es un síntoma interesante de su visión del mundo animal y de su visión de dichas ilustraciones naturalistas. Para Hiroshi Aramata, la respuesta está, si acaso, “oculta entre las páginas de la historia de los mamíferos”.
Durante el siglo XVIII era común que los libros presentaran ilustraciones de humanos junto a otros mamíferos. En los textos de zoología de este siglo decrece considerablemente, hasta casi desaparecer, este tipo de referencia al humano. ¿Somos únicos?, ¿somos taxonómicamente inútiles?.
Atisbamos un nosequé paradójico en el hecho de que Darwin se inspire en la teoría económica de Maltus para dilucidar una representación del orden ecológico, esa maraña de ecuaciones no lineales fisicoquímicas, matemáticas, religiosas, que se resume en la teoría de la evolución haciendo al hombre partícipe de la animalidad, pero de otra “animalidad”. Entonces la imagen del hombre se riñe con la del mono.
Darwin nunca dijo que el hombre “viniese” del mono, sino que prosimios, simios, monos y humanos “venían” de un primate común. El chimpancé, el orangután y el gorila, especies distintas, se confundían en imágenes humanoides que reivindicaban, directa o indirectamente, la superior distinción del género humano.
Pese a Darwin, con él, sin él, o contra él, el hombre ha pugnado por ocupar una situación de privilegio, y dentro de la historia natural resulta un eficaz golpe de efecto el quedarse fuera, ausentarse de las ilustraciones de libros y museos. El segregacionismo como especie genera subproductos racistas.
El “Negro de Banyoles” ha de abandonar su anaquel por cuestiones de tipo ético y social. Los pellejos humanos exhibidos extendidos en paredes del mismo museo Darder, fueron finalmente también retirados, pero éstos no habían desatado la polémica, porque abstraen en exceso la imagen completa, llamativa, de un ser vivo, un mamífero de la especie “Homo Sapiens”, el mamífero conocido.

Aristóteles clasificó a los seres humanos como “animales bien conocidos”. El resto de los animales eran “distintos al hombre”. Los animales conocidos son hombres, los desconocidos son animales verdaderos. Aristóteles es señalado por Hiroshi Aramata como descalificador del hombre como animal verdadero. Otros podríamos pretender atisbar una envidia implícita de “lo verdadero” del animal. Vivimos dolientemente nuestra falsedad animal, nuestra falsa animalidad, salimos con una pataleta de la Historia Natural; buscamos consuelo inventándonos un supraser digno de un estudio propio: de una Historia
En la época dorada del naturalismo (naturalismo naturalmente ilustrado) Buffon incluyó al hombre como el animal más enigmático de su “Histoire naturelle, générale et particuliére”, lo cual supone que los renovados conocimientos y metodologías de la Ilustración adoptan ante el humano una actitud no de conocimiento mejorado, sino de reconocido desconocimiento. Los fenómenos naturales son los que figuran bajo el epígrafe “générale”, lo geográfico, lo biológico añadido a lo geológico, o, como dice Aramata, “problemas trascendentales más allá del ámbito de la observación concreta”. Los “otros” animales, concretamente observables, disecables, estudiables, ilustrables, bajo el epígrafe “particuliére”.
Buffon, Linné, Cuvier, situaron al ser humano casi en la misma posición de los demás animales. La fórmula imperante de organización se resumía,según Aramata en el esquema siguiente:

HOMBRE = ANIMAL COMPLEJO

ANIMAL = HOMBRE SIMPLE

John Barrow
Un esquema que nos llevaría a posibles animales simples (hombres simples simples), hombres complejos complejos ... y simples complejos animales. Tenga gracia o no, el hecho es que esta fórmula es muy antigua y es utilizada en un contexto primigenio cercano sólo en apariencia a lo que después calificaríamos como Historia Natural, el bestiario medieval
En los bestiarios medievales se incluyen se las fábulas cristianas de animales, en las que los mamíferos, no sólo del mismo origen natural que el hombre, eran también considerados espejo de sus cualidades morales.
Así, al observar a los mamíferos, el hombre se observaba a sí mismo.El estudio de los animales era el estudio del Homo Sapiens.
Los bestiarios, auténticos “best-sellers” editoriales de su época, se presentaban como libros de animales. Sin embargo eran audaces descripciones de la naturaleza humana en términos del comportamiento de los animales.
Manuel Barbero (“Las lecciones de dibujo” Cátedra) remite antes que ningún análisis biológico de los hechos, a una explicación a través de lo perceptivo. Si entre una fuente de luz en la noche y un gato me iterpongo yo, veré el fuego reflejado en sus ojos. El gato echaba fuego por los ojos. El que ha contemplado este fenómeno entiende el mensaje, quien no lo haya visto añadirá su imagen del fuego a su imagen del gato. En muchos casos, los rasgos visuales más llamativos, memorables, de un animal se preñan de conspicuidad no selectiva en la ilustración gráfica que lo representa.

Es clásico, desde Gombrich, el ejemplo del rinoceronte de Durero. El maestro lo había dibujado a partir de descripciones y apuntes (¿toscos?) del animal. Lo que a mí en particular me sorprende un poco es la exactitud semiótica con que se trata el asunto y su superficialidad zoológica.
Yo creo que, si en época de Durero las narraciones y descripciones de otras tierras provenían de un lugar significativamente nuevo y misterioso, sería especialmente de Asia, a través de las incursiones preconizadas por Marco Polo, por motivos comerciales. Es más probable la documentación de animales asiáticos que de un África todavía desconocida y misteriosa. Aumentaban por tanto las probabilidades de que la documentación de, digamos, un rinoceronte se realizase con mayor frecuencia en Asia, en la India, en China, que allá donde campan los rinocerontes africanos, el negro, el blanco, poco vistos, poco descritos, más cercanos al mítico unicornio, más largos que altos, remarcados por un cuerno de tejido piloso que apunta agudo al frente.

El de Durero es un rinoceronte blindado (un escarabajo hecho mamífero, me planteo, si ensueño la cuestión). Un animal asiático, más pequeño y compacto que su enorme primo africano, y con una piel muy distinta, muy gruesa y encallecida, un conjunto de piezas rígidas, compactas, que Durero intenta y consigue representar a través de pautas gráficas que recuerdan a “cosas duras” (escamas de pez o reptil, corazas de guerreros, mazas ofensivas, mallas metálicas, armaduras).
El rinoceronte de Durero es narrado, no sólo descrito, a través de un emblemático grabado que recoge con bastante precisión las proporciones y pose estática de un animal que nunca el artista había visto si no a travès de descripciones escritas y reproducciones gráficas que, presumo, no debieron ser del todo malas.

John Barrow 

La potencia física, el potencial agresivo-defensivo del Rinoceronte son expresadas en términos armamentísticos, un acorazado que se anticipa por parentesco visual a las distintas reproducciones de tricerátops, a partir de la era victoriana, llena de descubrimientos científicos y conquistas coloniales, caldo de cultivo de un exotario de imágenes de los innotos, emblemáticamente representados en los dinosaurios, depositarios de dragones, leviatanes, quimeras y grifos.
Aún en la época victoriana, científica, objetiva, muchos (la mayoría) de los rinocerontes representados en los libros de Historia Natural se parecían sospechosamente al rinoceronte humanizado, castrense, de Durero, como cualquier joven corzo nos recuerda a Bambi.
(Lo que trato de anticipar es que desde hace mucho tiempo es posible admitir que las imágenes de animales son ancestralmente hombres zoomorfos. Asimismo, bajo mi punto de vista, Porky Pig, Buggs Bunny, el pato Donald o Goofy no son animales antropomorfos, sino personajes que abstraen su animalidad y la traducen(con cualquier instrumento pero en el mismo tono) en humanos zoomorfos. Los animales antropomorfos más genuinos serían el vampiro mítico o el licántropo, que conceden al animal depredador inconcreto la posibilidad de manifestarse en un cuerpo humano que tergiversa su propia animalidad.).
El de Durero es un rinoceronte de proporciones bastante logradas. La cabeza posee un ángulo respecto a la cruz del animal en una pose caraterística comparable en imágenes fotográficas o cinematográficas, incluso en el zoo, si el animal que tenemos delante es un solitario rinoceronte asiático, un rinoceronte blindado. Ni siquiera su denominación española corriente, la más común, se escapa en imágenes léxicas del acorazado animal. Es un perfecto rinoceronte disfrazado de rinoceronte, con pertrechos bélicos.
Es más que probable que también los ecos de descripciones de grandes rinocerontes africanos resuenen en el grabado del maestro, así como narraciones que buscaban la atención del oyente a través del componente fantástico del animal, único candidato digno para encarnar al mítico unicornio, de tal suerte que características de ambas criaturas se vuelven intrusas mutuas de sus sucesivas descripciones.
El caso es que el rinoceronte de Durero reivindica la existencia del monoceros de la realidad, existencia enfrentada a la del unicornio mítico (de forma análoga, el narval, un cetáceo con un gran diente hipertrofiado en espiral que aparecía ocasionalmente varado en la costa, daba pié a la versión marina del mito).
Las espectativas generadas por una criatura vengan la decepcionante falta de concordancia de su imaginería popular con el “original”, valiéndose del nuevo asombro con tintes de veracidad de las descripciones “al natural”. Éstas, sin embargo, están preñadas de un sentimiento contradictorio, nostálgico e informativo a la vez, que acentúa las distorsiones, pero no las inventa (o al menos no lo pretende). Las placas dérmicas del rinoceronte de Durero están delimitadas en los espacios correctos, pero han de destacarse como argumento realista por distinguirlo de los unicornios legendarios.
Marco Polo, conocedor de la leyenda como cualquier coetáneo suyo, no puede evitar el efecto de contraste que le produce la visión de un rinoceronte (sin duda un “blindado” ya que se encontraba en Asia). El viajero italiano describe un rinoceronte hindú, un “blindado”, exagerando los rasgos alejados del estilizado unicornio (asimilado generalmente a un caballo o un venado de cuerno único) :

"Su pelo es como el de un búfalo y sus pies como los de un elefante. En medio de su frente tiene un cuerno negro muy largo”.

Pero el mercader italiano no sabe o no quiere dejar de añadir los mitos sobre el comportamiento de la criatura:

“Debe saberse que no hieren sólo con su cuerno, sino con su lengua y con sus rodillas”.
“Sobre la lengua tiene unas espinas agudas, muy largas, de modo que cuando se vuelven furiosos contra uno, lo derriban y lo aplastan con sus rodillas, hiriéndole con la lengua. Su cabeza es como la de un cerdo salvaje y la mantienen siempre encorvada hacia el suelo. Le agrada vivir en el fango. Es una bestia de presencia horrible y de ningún modo como la recordamos y mentamos en nuestros países, esto es, una bestia que pudiera observarse en el regazo de una doncella. En verdad os aseguro que es lo completamente opuesto a lo que decimos de ella”.

Xosé Ramón Mariño Ferro, en su notable recopilación sobre simbología animal, (“Simbolismo animal”, Ed. Encuentro, Madrid 1996) menciona un texto de Ctesias, médico de Atajerjes Mnemón sobre la India, rescatado de un resumen de Focio del s. IX, primera descripción del Unicornio:

"Hay en la India ciertos asnos salvajes que son tan grandes como caballos o acaso más; sus cabezas son rojo-oscuras y sus ojos azul-oscuros. Tienen un cuerno en la frente de casi medio metro de largo. La base del cuerno, que cubre unos dos palmos de la frente, es blanquísima; su extremo superior es azulado y de un carmesí vivo, y el resto, o parte media, es negro".

Ctesias nunca estuvo en la India.

Mariño cita a Willy Ley (“El pez pulmonado, el dodó y el unicornio”, Espasa, Madrid 1963 -ed. original Viking Press, NY 1941-) quien advierte la más o menos acertada descripción del rinoceronte indio por partes, la tradicional reconstrucción por pedazos de otras criaturas que tampoco son descabelladas. Por último Ley señala que seguramente Ctesias había visto los vasos de extremo Oriente hechos con cuernos de rinoceronte coloreados, precisamente, en las gamas descritas por el médico griego: "Los términos elegidos nos hacen sonreír; los hechos no son erróneos".
Lino Cabezas recalca el hecho de que “el éxito y la difusión de los grabados de Durero son algo que está fuera de toda duda, tanto por lo que se deduce de los testimonios escritos de otros artistas como por la evidencia de su utilización, ya que fueron sistemáticamente reproducidos y sirvieron de inspiración para otras obras hasta fechas relativamente recientes en nuestra historia del arte”. Aquí la referencia señala a una obra extensa, no sólo de grabados de animales. Los estudios de Durero y sus grabados, las copias de sus obras eran un modelo de representación vigente, un modelo eficaz y persistente gracias al conjunto icónico de toda una obra de recursos gráficos modélicos.
La historia de la divulgación gráfica de la Historia Natural es la prehistoria de la televisión, la congelación de imágenes de otros lugares, otros momentos, otras criaturas. Es por tanto la historia evolutiva de unos recursos gráficos disciplinados como el dibujo que no sólo copian la realidad, sino otros dibujos u otras formas de releer la realidad.
La más elemental es el análisis y desglose de la estructura de un organismo para reorganizarla con otro (cabeza de cerdo, pies de elefante...), un ejercicio intelectual o también físico, como el dragón “creado” por Leonardo con un lagarto vivo, al que fabricó alas con piel de otros lagartos que simulaban cierto movimiento autónomo al moverse el lagarto, caracterizado además con cuernos y barba.
John Barrow
Domesticado y encerrado, servía exclusivamente para ocasionar una SORPRESA, un hito emocional en el que se daban cita una fuerte espectativa y una realidad sugerente, incluso engañosa. Leonardo, como recalca Manuel Barbero, había dado forma real a un dragón "(...) en el que convergían los miedos y temores de unasociedad animada a creer en los más diversos seres y demonios".
“Y el dragón no sólo no era un ser extraño, sino también una de las encarnaciones del diablo”.
Y es que las ilustraciones, los dibujos, las esculturas y las fotografías no son la visión, sino su huella, la huella de los artificios que generan la propia visión. Nuestra forma física de ver requiere que la imagen se adapte a unas espectativas del cerebro. El arte no es testimonio de lo que se ve, sino de lo que no se ve.
El estereograma de puntos aleatorios lo ejemplifica. Lo que se ha vuelto a poner de moda en los últimos años como “libro mágico” (los primeros estereogramas de puntos aleatorios datan de los años 50) pone en tela de juicio la identidad de nuestra experiencia sensorial, que se demuestra incapaz de percibir en este caso ciertas imágenes que algunos individuos con mejor dotación física o disposición perceptiva ven sin problemas.
Ver simultáneamente las dos imágenes de un estereograma, dejarse engañar por su falsa tridimensionalidad parece al recién iniciado que tiene dificultades de foco una cuestión de fe : “¿cómo puede ser que los demás lo vean y yo no?”. Nos recuerda forzosamente al traje nuevo del emperador del cuento de Andersen, con la diferencia de que en el estereograma el “traje” existe en la realidad física, solapado por ciertas peculiaridades ópticas, demostrándonos que hay partes de la realidad que no podemos percibir sin modificar el modus in rebus, y que éste depende de nuestras propias características orgánicas, distintas a las de otros animales que seguramente experimentan otro mundo, que saben cosas que nos son vetadas.
El arte no hace sino exaltar nuestra limitada animalidad tensando sus fronteras perceptivas. Percibir a las demás criaturas y describirlas supone seleccionar una serie limitada de “temas” relevantes para nuestra propia animalidad más que de la animalidad ajena .

“El fallo del ser humano se traspasa al mundo que lo rodea, a la Naturaleza, tal vez incluso al cosmos. La razón principal de eso está en el humano afán de novedades, en la curiosidad, que va seguida de Petulancia”. Ernst Jünger también se preocupa, como zoólogo filósofo, por el problema de donde acaba el arte y donde empieza la caricatura:

”No es una mera cuestión de gusto. Atañe al modus in rebus, que está vigente también en la Naturaleza animada y en la inanimada. Los ojos se ofenden en aquellos sitios donde las proporciones sufren quebranto”.
(Jünger, Ernst:”La tijera”,Tusquets, Barcelona, 1993).

John Barrow



John Barrow

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Kellie Smith y la fotografía necroantrozoológica.





Os ofrezco en las siguientes entradas una selección de lo recabado desde El Animal Invisible, blog hermano a Fotografiar Animales Invisibles consagrado al análisis de las relaciones entre arte y ciencia, antrozoología artística y percepción. Aquí, en "Fotografiar...", nos centramos en temas más específicamente útiles para el desarrollo de contenidos de módulos impartidos en ciclos artísticos de grado superior que el autor comparte con sus alumnos y con los estudiosos del arte en general, y de la fotografía en particular. Espero que resulte de interés, tanto a los alumnos de dibujo artístico de GM APGI, como a los de ciclo superior de Cómic, Ilustración y Bachillerato Artístico.

Retomamos nuestra actividad como cronistas del arte antrozoológico, depués de la pausa estival condicionada por nuestra actividad académica.
En las entradas precedentes explicábamos ciertas circunstancias al respecto, y nuestra vinculación a las enseñanzas artísticas de la fotografía asociadas ahora al dibujo artístico (en el ámbito del cómic, la ilustración y la gráfica impresa).
Ahora, además, me veo inmerso en una nueva actividad de coordinación en ESDAP (Escola Superior d'Arts Plàstiques de Catalunya), un ente multisede distribuído en diferentes especialidades impartidas en las siete escuelas de artes plásticas y diseño del territorio gestionado por el Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Catalunya. En mi caso me toca hacerme cargo de la coordinación de recursos, así que me temo que, junto a mi actividad docente, me va a quedar poco tiempo para gestionar los contenidos de El Animal Invisible con la misma profusión y frecuencia que hasta ahora venía procurando.

Sin embargo he de decir que no he dejado de tomar nota de trabajos artísticos de carácter antrozoológico dignos de ser mencionados o glosados en este espacio, y, como ya suele ser habitual, tengo acumulados en mis archivos diversos ejemplos, algunos de ellos francamente interesantes.
Ya sabéis que una de nuestras fuentes más notables es el blog Muybridge's Horse, de Emma Kisiel, vinculada al desarrollo e investigación de trabajos artísticos, especialmente fotográficos, que ilustran nuestra relación con los demás animales y con el entorno natural. Por alguna razón, quizás relacionada con las preferencias estéticas de Kisiel o con la realidad del panorama artístico actual, hemos constatado que la mayor parte de trabajos glosados por esta artista y académica, así como sus propios proyectos fotográficos, recurren a la documentación de imágenes de animales muertos o taxidermizados, en una corriente artística que desde aquí hemos calificado como necroantrozoología artística. Dábamos cuenta de ello, por ejemplo, al repasar los trabajos de Kisiel en relación a sus propios comentarios sobre otros autores, como Kelly Cassel.

Kellie Smith
Hemos descuidado durante un tiempo las aportaciones de Kisiel, que intentamos dosificar porque tal vez se trate del único caso que conocemos en la red que comparta nuestro enfoque antrozoológico del arte, con el mismo hincapié en la fotografía y su carácter documental o de preservación de ejemplares. Sería, por tanto, una apropiación excesivamente oportunista de la labor investigadora y documental de otros, y además, pese a nuestro genuíno interés por la necroantrozoología fotográfica, nos produce un cierto rechazo y creemos que constituye un rasgo característico de la investigación académica de Emma Kisiel y de su propio trabajo artístico.

No obstante nos cuesta no glosar sus oportunos ejemplos y comentarios al respecto, y hemos seleccionado algunos artículos recientes para dar cuenta de ellos en nuestras páginas, procurando ampliar un poco las muestras de imágenes o matizar ciertos puntos de vista.
Abrimos este repaso con el trabajo de Kellie Smith , quien nos ofrece una serie de metáforas visuales sobre la congelación del movimiento, algo implícito tanto en la muerte orgánica como en el acto fotográfico, confundiendo las veladuras de los procesos fotográficos con las del hielo y su carácter de medio de preservación que invisibiliza ciertos aspectos de la presencia de las especies animales de modo análogo a los procedimientos de documentación y exposición naturalista.


Al respecto de la obra de Smith, Kisiel nos resume lo siguiente:

Kellie Smith 
Honestamente, tengo poco que decir sobre el cuerpo de trabajo de Kellie Smith, Undertaker, aparte de un rotundo "Sí". Me sentí de esa manera tan fuerte al ver las imágenes por primera vez, y posiblemente aún más cuando leo la declaración que las acompaña. Creo que este es un proyecto precioso, importante y hermoso. Después de presentar el trabajo de Julia Schlosser y Mary Shannon Johnstone examinando la muerte de animales de compañía el mes pasado, y pensando mucho sobre el tema mientras trabajaba en una propuesta de exhibición en las últimas semanas, me pareció perfectamente apropiado descubrir las impresiones del lumen de Kellie hechas usando los cuerpos de animales muertos. Los tres artistas han explorado este tema tan importante haciendo fotografías orientadas al proceso, y no creo que sea una coincidencia. Hay algo acerca de este tema tabú, el proceso de afligir a un animal, ya sea salvaje o un querido amigo, que parece impulsar a los artistas a crear algo táctil, utilizando un proceso que es físico y requiere trabajo, tiempo y quietud.

 De la declaración del artista: 

dos perros, dos gatos y un caballo con el que crecí murieron el verano anterior a este proyecto. Estas mascotas eran muy queridas para mí y he tenido muchos recuerdos con ellas. La separación de ellos me inspiró a mirar más de cerca el vínculo que los humanos y los animales forman. El dolor que siento al final de su existencia me deja con ganas de recuperar su presencia, y me motiva a dar vida al aura o alma que sabía que poseían. 
¿Qué pasa si a cada animal se le da la oportunidad de formar una relación con un ser humano, y por lo tanto, se le da la oportunidad de que su alma o espíritu sea reconocido? 

 El propósito de mi proyecto es llevar la existencia de los animales a la existencia tangible, especialmente si eran salvajes y nunca interactuaban con un ser humano. De manera similar que una abeja pompas fúnebres llevará a una abeja compañera a la colmena después de que muera o muera, llevo a los animales muertos que encuentro a mi estudio e intento humanizarlos y capturar su ser. 

Muchos de los animales a los que tengo acceso murieron trágicamente en la carretera y están maltratados, ensangrentados y rotos. Para superar esta imagen grotesca y expresar la belleza de sus restos, creo impresiones de lumen de su cuerpo. El papel del cuarto oscuro fotosensible, en blanco y negro, reacciona con los componentes biológicos del animal e ilustra la presencia de su cuerpo. Para honrar al animal, su vida y su ser, los adorno con flores y otros componentes de la naturaleza. Estos elementos pronuncian la importancia y la belleza del alma que poseen los animales durante su vida. Al igual que un empresario de pompas fúnebres cuidará el cuerpo de los muertos y exaltará al difunto, prepararé el cuerpo del animal para su apariencia final, los embelleciré con flores para una composición en el papel y luego los enterraré en su lugar de descanso final.












http://muybridgeshorse.com/2018/09/13/kellie-smith/