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| Ryan McGinley |
La desnudez junto a los animales nos hace más
animales y más específicamente humanos. Nuestro cuerpo, la manifestación
física de nuestras capacidades de interacción con nuestro entorno,
constituye la materialización de nuestra peculiar animalidad. El animal
humano, marcado por las pautas de comportamiento grupal que lo
caracterizan como animal social, ha incorporado la cultura como base de
sus aspiraciones, de sus desos y de su conducta. El cuerpo desnudo, no
obstante, pese a haber padecido menosprecio en diferentes épocas de la
historia cultural de occidente, siempre ha constituído motivo de
observación y tema básico en las diferentes manifestaciones artísticas,
tanto como representación de un ideal de belleza espiritual como reflejo
escópico de nuestros desos e instintos carnales más atávicos y
ancestrales, ejerciendo entonces de símbolo de nuestra condición
terrenal, animal.
La vestimenta, el maquillaje y todo eso que hoy
designamos bajo el vago término "estilismo" ha constituído, a lo largo
de la historia de las civilizaciones, un intento de modificar la
percepción de nuestra animalidad, de especificarla dentro de un grupo
tribal o social, de identificarnos entre los de nuestra especie
obliterando o magnificando rasgos físicos significativos de las
diferentes partes de nuestro cuerpo.
La representación de seres
humanos desnudos junto a animales acentúa el contraste de nuestra
condición civilizada con nuestra condición natural básica. En las
pinturas rupestres, la figura humana es esquemática, casi insignificante
junto a las precisas representaciones de los cuerpos poderosos de los
cuadrúpedos, fuente de alimento a la vez que competidores por el
territorio y sus recursos. La belleza del cuerpo desnudo sólo comenzó a
reivindicarse plásticamente cuando los ropajes ya lo habían cubierto, y
siempre evoca la pérdida de un paraíso natural en el que la piel se
comunicaba directamente con su entorno.
La fotografía de desnudo
sigue remitiendo a algo generalizadamente conocido como fotografía
artística que siempre flirtea con el arte erótico, provocativamente
onanista, y con la pornografía. Es un recurso rentable, aunque no
siempre fácil, en la fotografía comercial y publicitaria, además de una
meta para los provocadores (incluso, a menudo, para los provocadores de
conciencia). Creo que nos perderíamos en un océano iconográfico si
pretendiésemos comentar el desnudo en cualquiera de las formas de
manifestación artística, como de hecho nos ocurriría con la
representación de animales, pero, al fin y al cabo, por eso redactamos
comentarios y seleccionamos muestras en este blog al respecto.

Podríamos
recordar muchos ejemplos de proyectos artísticos recurrentes al desnudo
que hemos mostrado en este mismo espacio, y especialmente proyectos
fotográficos, que adquieren de forma más evidente un carácter de
exhibición del cuerpo, de provocación sexual y social, de reclamo
escópico de causas obliteradas por la imagen del cuerpo desnudo que las
reivindica. Así lo hacíamos constar incluso al respecto de trabajos que
no hacían sino documentar trabajos de campo de naturalistas como
Natalia Avseenko,
quien conseguía la atención de los medios por su desnudez, justificada
por sus métodos, pero llamativa en las gélidas aguas árticas buceando
junto a belugas que resaltaban la humanidad de su animalidad desnuda.
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| Denis Rouvre |
El viejo contraste de la bella y la bestia. La asociación entre
maternidad, mar y femineidad hacían el resto para reclamar la atención
sobre las inmersiones de la naturalista naturista, y algo vagamente
similar se producía en muchas de las imágenes creadas por
Denis Rouvre
para un proyecto fotográfico que supuestamente reivindicaba la
concienciación conservacionista respecto a las especies marinas, en las
que sus modelos (algunos célebres) se desnudaban ante la cámara con
ejemplares de peces muertos, constatando, en todo caso, la frialdad de
los ejemplares ictiológicos en contacto con la cálida piel de los
modelos humanos, calidez acentuada mórbidamente por la subliminal
asociación entre Eros y Tánatos, siempre efectiva, siempre latente. Se
reivindicaba la animalidad de los peces individuales, para no tratarlos
como una masa material alimenticia (este hecho lo constatábamos en el
trabajo de
Carl Warner creando escenografías
fotográficas con comida, que incluía peces -recordemos que en inglés no
hay diferencia entre "pez" y "pescado", y que "fish" es no contable por
unidades individuales cuando se refiere a comida-). No obstante, las
escamas de los peces, translúcidas, iridiscentes y resbaladizas,
entrañan una suerte de desnudez en su aparente frialdad, y el auténtico
contraste de la iconografía del desnudo con animales llega cuando
presentamos en una misma escena fotográfica cuerpos humanos desnudos
junto a peludos o plumados compañeros de otras especies. Entonces, la
desnudez aparente de la piel humana pone de manifiesto su
hipersensibilidad táctil, sus aptitudes sensuales. Este es el terreno en
el que se quiere mover
Ryan McGinley,
cuyas imágenes con animales exploran el contratse entre la empatía
física con la desnudez humana y el atractivo orechazo interespecies de
los rasgos físicos de diferentes animales que comparten el encuadre.
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| Dimitri Yeros |
No está lejos de la propuesta de
Dimitri Yeros,
a quien tuvimos presente en nuestras páginas anteriormente, y
seguramente podemos encontrar un sinfín de proyectos similares, que,
aunque sólo sea subliminalmente, proponen al espectador la necesidad de
prescindir de los artificios y ropajes para una comunión con el mundo
natural que en realidad nos es incómoda en comparación con la
integración del pelo, las escamas y las plumas que aíslan a los animales
de ese contacto abrasivo con la naturaleza que, por otra parte, es
segregada o abstraíada de la escena fotográfica, en la que el espacio
constituye también un artificio, un entorno aislado y limpio de las
intromisiones del exterior. El plató fotográfico se evidencia como
escenografía artificiosa en presencia de modelos animales. De algún
modo, el fuera de contexto de ejemplares zoológicos conecta con la
descontextualización del desnudo humano en el espacio público y por
tanto evidencia el espacio de trabajo del fotógrafo como simultáneamente
privado y público.
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| Dimitri Yeros |
A continuación de las imágenes de
Ryan McGinley nos parece oportuno mostrar imágenes del proyecto
Models 'n Mutts,
una campaña gráfica para concienciar sobre la adopción animal. Se
supone que la desnudez es aquí una metáfora de la desprotección de los
animales abandonados a la vez que un reclamo sexy no diferente del que
se asociaría a cualquier tipo de publicidad comercial. En este caso,
como veréis, la desnudez no es integral, y de algún modo se invoca la
racionalidad y la compasión remarcando el carácter civilizado de quien
se exhibe sin sacarse la ropa interior, que forma parte del juego de
seducción erótica a la vez que sirve como excusa para un mínimo pudor o
la simple exhibición sintética del producto textil que habitualmente
publicitan las modelos que participan en la campaña. Si el trabajo de
Rouvre despertaba nuestras dudas éticas, en este caso sentimos una
cierta incomodidad estética.
En cuanto a las obras de McGinley que
justifican nuestros comentarios, comprobamos una cierta dosis de
frescura y un cierto desenfado que no comulga exclusivamente con el
blanco y negro ni con el color, que juega con asociaciones icónicas como
el pelo animal y el vello púbico, o con analogías anatómicas sexuales.
Pese a ello, subyace una cierta ingenuidad en el aparente descaro, que
es más lúdico que sexual o provocativo, sin rechazar por ello la posible
carga erótica de las imágenes, y me llama la atención el protagonismo
de los accidentes cutáneos (marcas, moratones, raspaduras, arañazos e
improntas) en la piel de los modelos, que pasan a formar parte de la
textura de la piel en unos tiempos en que su uniformidad, su retoque en
busca de una estética inmaculada es ya una pauta en la fotografía
comercial y de moda que se extiende hacia otros campos más cotidianos.
McGinley, consciente de ello, personaliza de algún modo sus retratos
reivindicando la piel con todo lo que ofrece escópicamente.
































Cuerpos desnudos y animales abandonados. Son Models n’ Mutts.
Models n’ Mutts es una organización estadounidense que cree que
la belleza de modelos en ropa interior (o sin ella) y los perros abandonados son una buena conjunción
fotográfica para ayudar a la caridad. No tengo muy claro a qué dedican
su dinero o en qué punto acaba el amor por el exhibicionismo egocéntrico
y comienza la sensibilidad, pero puede que estén en lo cierto.
Leer original:
http://www.perspectivaconica.com/models-and-mutts/#ixzz3McPa8RxZ
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